Separar familias tiene un costo social. Separar familias de migrantes es un acto cruel y criminal.

Inger Støjberg es una política danesa de 47 años que ocupó el principal puesto del ministerio de Integración de su país entre 2015 y 2019. Hoy es diputada del principal partido de oposición (Venstre).

El próximo mes, el Parlamento la llevará a juicio acusada de haber separado al menos a 22 parejas de migrantes jóvenes pese a que el área legal del Gobierno se lo desaconsejara porque no existió una investigación ad hoc y carecía de base legal.

Støjberg comentó tras la acusación que tomó la decisión siempre y cuando la mujer fuera menor de 18 años, para evitar que estas fueran forzadas a contraer matrimonio.

El pasado noviembre, el ministro de Agricultura, Mogens Jensen, presentó su renuncia por el escándalo que provocó la matanza de 17 millones de visones sin haber existido una base legal ni una discusión en el Parlamento sobre la posible transmisión del nuevo coronavirus a través del animal.

Støjberg tampoco vinculó su decisión de separar a migrantes a una base legal. En Facebook, continúa defendiendo su decisión: “Me duele el estómago y me pongo triste cuando leo esto. Una niña se casa con su primo (...) Realmente espero que todos los ministros de Relaciones Exteriores, independientemente del color del partido, intervengan. No podría perdonarme a mí misma si mi intervención en 2016 hubiera sido un fracaso (en referencia a las separaciones de parejas jóvenes). Las niñas-novias son un fenómeno terrible y haré, como habría hecho entonces todo lo que pueda, dentro de la ley, para proteger a las niñas”.

En Dinamarca la ley no permite matrimonios con menores de edad. Inger Støjberg no tenía que dar un paso más para impedir el escenario con el que justifica su actuar.

“(Ella) ha representado una línea dura en temas de inmigración y también defendía llevar las convenciones internacionales al límite cuando era ministra de Integración”, comenta a El País Rask Madsen, profesor de Derecho en la Universidad de Copenhague.

Inger Støjberg articuló una ley que obligaba a las autoridades a requisar los objetos personales de los refugiados con el fin de que pagaran sus gastos de manutención e impulsó una campaña mediática en contra de la inmigración libanesa.

En este lado del mundo también existen las Inger Støjberg, e incluso, con mayores niveles de crueldad. En este momento existen en Estados Unidos 600 menores de edad que no han podido ser reintegrados con sus familiares. Muchos de ellos no saben en qué país nacieron. El entonces fiscal general Jeff Sessions le propuso a Donald Trump una estrategia para lanzar desincentivos a los migrantes: tolerancia cero a través de la separación de menores de edad.

Joe Biden prometió que abrirá una investigación para revisar las bases legales que implementó Sessions con el visto bueno del entonces presidente Trump.

No encontrará una sola base legal para justificar uno de los programas más crueles del gobierno de Trump. El 6 de enero murieron cinco personas en el asalto al Capitolio. Hay demasiadas huellas de Trump en la organización de la manifestación que terminó en tragedia. También las hay en la tragedia de los 600 menores de edad que se encuentran separados de sus familiares.

Tal parece que no existe preocupación alguna entre congresistas estadounidenses ni en medios de comunicación por la situación de los menores de edad.

En Dinamarca van un paso adelante. Tal parece que la serie de televisión danesa Borgen, también va un paso adelante. Su protagonista, Birgitte Nyborg, organiza un partido político multicultural para frenar la xenofobia.

Al salir de la ficción, es necesario identificar a los cómplices del programa de Jeff Sessions. Simplemente, no se puede tolerar que sigan en la política.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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