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Para 2024: ¡rompan todo!
Las elecciones del domingo son un claro ejemplo de lo que los partidos de oposición no deben hacer si quieren ganar las elecciones de 2024. Aunque un candidato sea bueno, tenga trayectoria y experiencia, lo más probable que es que la maquinaria electoral del gobierno, el acarreo, la compra de votos y el manejo propagandístico de los programas sociales sean un lastre difícil de remontar, salvo que rompamos todos los moldes, como lo ha hecho López Obrador toda su vida.
Los partidos deben de entender que estamos hasta la madre de los políticos y sus rollos y discursos huecos. Nos tienen hartos con sus palabras condescendientes y sus frases hechas que no valen más que el aire con el que las expiran. Me muero de güeva cuando escucho a Santiago Creel haciendo propuestas timoratas o a Marko Cortés tratando de convencernos de que una derrota es un triunfo. Ustedes, señores, estorban. Háganse a un lado y elijan en coalición a un candidato que entusiasme o, por lo menos, nos haga reír.
Algo muy claro: el candidato no debe salir de los partidos, sino de la sociedad civil que ha llenados cientos de plazas en todo el país para exigirles que se dejen de mirar el ombligo. Desafortunadamente, ustedes crearon un sistema en que se necesita de su sello para poder tener una candidatura, dados los exorbitantes requisitos que impusieron a las candidaturas independientes.
Pero ¿cómo debiera ser ese candidato? En primer lugar debe ser alguien que rompa la simplona dicotomía entre chairos y fifís que el presidente ha logrado imponer para enmascarar el desastre de su gobierno. Debe ser alguien muy conocido. Ante las campañas adelantadas de las corcholatas del presidente, el candidato de oposición debe tener una presencia muy arraigada en la sociedad en su conjunto y, lo más importante, debe lograr que todos nos identifiquemos con él desde las vísceras. Aquí mi idea para romper el molde:
La conexión entre los dictadores y la risa es de lo más interesante. A primera vista, parece contradictorio oponer el humor a la tiranía, pero la relación compleja que existe entre estos elementos revela una dimensión profunda de la condición humana. La risa es, sin lugar a dudas, tanto un mecanismo de liberación como de resistencia. Para Henri Bergson, la risa nos libera de la rigidez mecánica en el comportamiento humano: esa misma rigidez que detestamos en los políticos y los burócratas, que, creyéndose más inteligentes que nosotros, piensan que nos engañan con sus pretensiones de salvadores.
La sátira es el arma más potente y la más temida por los tiranos y aprendices a tiranos, al exhibir de forma descarnada su comportamiento absurdo y excesivo. Como sabemos desde la época de Aristófanes, retratar al tirano como un personaje ridículo y vanidoso, nos permite exponer la hipocresía y la corrupción de los gobernantes, despojándolos de su aura de poder y revelando su gran vulnerabilidad.
Así, partiendo del supuesto de que la sátira es una bomba nuclear para cualquier Amado Líder y sus ridículas corcholatas, ¿quién es conocido en todo México? ¿Con quién se identifican todas las clases sociales? ¿Quién haría que los jóvenes se interesen en la política, que tanta flojera les da? ¿Quién haría de la campaña un desmadre para evidenciar el desmadre que son las campañas? ¿Quién, además, es un hombre preparado y culto con una visión clara del abismo en el que estamos a punto de caer?... Su nombre: Víctor Trujillo, y como tal deberá actuar una vez en el poder, pero para los cuates, y en campaña, le podemos decir Brozo.
¡Ya me estoy saboreando un debate entre Brozo y Claudia Sheinbaum! O la contra mañanera a las 11:00 am en que Brozo nos explique lo que Andrés, su primo hermano, quiso decir. No me hagan caso, pero creo que alguien se haría pipí en los pantalones ante una candidatura así.
“Si nos va a gobernar un payaso, que sea un profesional”, podría decir el eslogan.
Le pido una disculpa a Víctor Trujillo por lanzarlo al ruedo, así como así, pero él sabe que el futuro de México depende del resultado del 2024. Además, el poder siempre se le debe entregar a aquel que no lo busca, a aquel que no lo quiere, porque sabe la responsabilidad que implica.
@gsoriag

