Dos de las palabras que se quieren hacer mágicas para reactivar el adolorido turismo en México son: producto turístico. Una y otra vez se pronuncian y una y otra vez se cuestionan en la actual coyuntura.

Hace unas semanas el presidente de la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes (AMAV), Eduardo Paniagua, dio a conocer que buscará que en cada uno de los 132 pueblos mágicos del país exista un museo del dulce, del estilo del inaugurado en abril del 2015 en la zona turística de Monterrey con el objetivo de “rescatar el legado cultural de la cocina norestense”.

El empresario, asegura que ha visitado la mayoría de los pueblos mágicos, por lo que conoce de sus posibilidades para detonar la actividad, por ejemplo… con nuevo producto turístico.

Muéganos en todas sus variables, ates de frutas locales, cocadas, figuras hechas con semillas de calabaza, camotes, paletas o chocolates artesanales son algunos de los cientos de productos (en muchos casos orgánicos) que se elaboran en las comunidades locales y que por el momento se comercializan desarticuladamente.

El plan del presidente de la AMAV es abrir este año, por lo menos, un par de museos e integrarlos a la oferta de productos de las agencias de viaje. El paso será lento y se anhela seguro.

“Se nos ocurrió con nuestros socios de Monterrey. Vamos a hacer varios museos del dulce donde todos los productores del país puedan comercializarlos ahí. Tendrán la misma estructura en todos los pueblos mágicos y con identidad local. Tendremos dulces de Monterrey, Tabasco, Tlaxcala o Chiapas. Ahí el turista podrá degustar productos de otros pueblos mágicos y, eventualmente, será una opción para hacer promoción”, explica Paniagua.

Habrá quien comente que se trata de una ocurrencia, una más de esas que por los últimos meses han surgido en diversos niveles de cabezas turísticas.

De arranque, entre los pueblos mágicos de Chihuahua (en su capital se realizará pronto la LXV convención de la AMAV), Sinaloa, Durango, Nuevo León o Tamaulipas estarán los primeros museos.

En virtud de que no hay programas gubernamentales de financiamiento, la inversión estará a cargo de empresarios locales y de todos los tamaños (en el papel, los gastos principales son: la renta y los mostradores), por lo que no se mira obstáculo mayor.

Si usted ha estado en el museo del dulce de Monterrey seguramente se ha quedado con un dulce sabor de boca (por alguna prueba gratis), pero también con la sensación de que algo falta, aún con lo atractivo y fotografiable que resulta el lugar, sobre todo por el rico espacio de venta.

Dicho aspecto se ha considerado y por ello se dice que habrá un espacio para elaborar dulces como parte del atractivo que ofrecerán los afiliados AMAV.

Lo cierto es que todo valor agregado a la oferta turística de un destino es bienvenido y los museos, se piensa en ¡Es turismo!, no son mala idea para generar ingresos en los pueblos mágicos (Eduardo Paniagua asegura que en cada uno que visita se gasta entre 300 y 500 pesos para comprar dulces y su paladar ha probado algunos de gusano, nopal o diversas raíces). Ya veremos.

* Cuando viaje, atienda las medidas sanitarias.

alejandro.delarosa@eleconomista.mx