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Opinión

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Padres de más de cuatro

EL PRIVILEGIO DE OPINAR Por: Manuel Ajenjo

Hace más de 40 años circulaba el siguiente chiste:

En una reunión de ministros de la Iglesia católica, dos monseñores platican: ¿Usted cree -pregunta uno- que algún día el Vaticano apruebe que los curas nos podamos casar? ¡Uy, monseñor! -contesta el interlocutor- eso no lo verán ni nuestros nietos.

Hoy en día, según estimaciones de la Confederación Internacional de Sacerdotes Católicos Casados, en el mundo hay 150,000 curas que han contraído nupcias. Seguirán siendo sacerdotes hasta su muerte pero no pueden ejercer su ministerio porque se los prohíbe la Iglesia con base en el artículo 277 del derecho canónico. Si consideramos que la institución cuenta con 450,000 clérigos a nivel mundial, el porcentaje de casados suspendidos de sus menesteres religiosos es muy alto.

-¿De cuántos hombres buenos, entusiastas y piadosos -cuyo único pecado ha sido enamorarse de otra persona, como le pasa a cualquier ser humano- y de sus necesarios servicios pastorales está prescindiendo la Iglesia católica debido a esta disposición -anacrónica la llaman ellos- que la citada Confederación, con sede en Bruselas, Bélgica, le ha pedido al Papa Benedicto XVI derogue?

-En mi opinión estos curas son dignos de alabanza, finalmente son seres humanos con pasiones, instintos y hormonas como los demás, que piden seguir ejerciendo su apostolado sin hipocresías y desean vivir en coherencia con sus creencias y circunstancias.

-Se han dado innumerables casos de clérigos que no han podido domar su naturaleza ni su libido, y que han tenido hijos de manera subrepticia y, algunos, irresponsable. Se llegó a decir que la diferencia entre un padre de familia y un padre de la Iglesia católica era que el primero tenía hijos y el segundo sobrinos.

-El asunto del -entonces- sacerdote católico Alberto Cutié, que fue fotografiado en un playa de Miami con su novia guatemalteca, suscitó un escándalo. Todo se resolvió cuando el prelado cambió de religión y casó con la chapina. Por cierto, los derechos de la boda y la luna de miel fueron vendidos por Cutié a una revista del corazón. Con esto el exsacerdote rompió -palabra que se presta a varias interpretaciones tratándose de una boda- con sus votos de castidad y de pobreza.

LOS HIJOS DE LOS PADRES

-Todo lo contrario de Cutié, los sacerdotes católicos casados no desean alejarse de su religión ni renunciar a su ministerio.

-Me imagino que como todo matrimonio los curas casados y sus esposas tendrán hijos.

-Pienso que sí. Lo hijos son una lluvia del cielo.

-Por eso yo les sugeriría usar impermeable.

-Ni se te ocurra sugerirles eso. Como buenos creyentes, los sacerdotes serán respetuosos del impedimento eclesiástico de usar anticonceptivos.

-Pues entonces que se cuiden de no tener una familia numerosa. Quien al altar sirve, del altar vive. La esposa y los hijos del prelado también tendrán que ser mantenidos por sus feligreses.

-Supongo que éstos serían responsables y para la manutención de su esposa e hijos recurrirían a otras fuentes de ingreso. Y aunque no fuera así, tendrían la suficiente honestidad para sostener a su familia en una modesta medianía además, todo lo que estamos discutiendo es una mera hipótesis.

-Hipótesis no del todo imposible si el Vaticano, con conciencia progresista y considerando las necesidades humanas de sus ministros, permitiera que éstos se casaran. Imagínate al Párroco de X iglesia diciéndoles a los fieles: Hermanas y hermanos míos, como ustedes saben, y a algunas les consta porque asistieron al baby shower, desde ayer soy papá por segunda ocasión. Por lo tanto les voy a suplicar que cuando el sacristán pase con la charola de las limosnas pongan billetes en vez de monedas, porque los pañales están muy caros .

-Si la hipótesis resultara realidad, los hijos de los eclesiásticos estarían orgullosos de la profesión de sus padres: Carlos -pregunta la maestra- ¿en qué trabaja tu papá? Es ministro de Dios -dice el orgulloso chamaco y agrega- tal vez usted lo conozca porque es el cura de la iglesia de los Dulces Nombres. ¿Cómo -pregunta la perpleja maestra- no me digas que es el padre Javier? Ese mero. ¡En la torre -piensa la maestra- es mi confesor! Qué bueno que cuando me confesé no le dije que odio a mis alumnos en especial a esta sabandija.

-Otra escuela y otra maestra. Luisito, te has portado muy mal, necesito hablar con tu papá. Lo espero mañana a las 8. A las 8 mi papá no puede venir, a esa hora dice misa.

-Ahora imagínate a las esposas. No por estar casadas con un cura van a estar exentas de arrebatos de celos:

Norberto, ¿por qué llegas a esta hora? Mi amor, tuve que darles la extremaunción a tres enfermos. ¿A las 3 de la madrugada? La muerte no tiene horarios. Hueles a alcohol. Es por el vino de consagrar.

-Ya para terminar con las conjeturas, te invito a pensar que algún encumbrado personaje de la Iglesia católica mexicana estuviera casado. Por ejemplo, el señor obispo de Ecatepec don Onésimo Cepeda que, entre otras cosas, es aficionado a los toros. Imagínate esta escena:

-¡Onésimo! Tú, ¿fumando puro?

-Sí, pero es puro de Espíritu. Lo encendí porque me voy a los toros.

-Te manejas como si fueras soltero y no tuvieras familia. Llévate a los muchachos.

-¡Pero hombre, mujer!

-No hay pero que valga, llévatelos. Yo no los puedo atender porque me voy a pasar toda la tarde remendando tus sotanas.

-Y ahí tienes tú a don Onésimo yendo a los toros con sus críos. Y obviamente, en compañía de los chicos no puede estar en el callejón como a él le gusta. Tiene que sentarse en el tendido y abstenerse de usar el lenguaje que acostumbra para no darles mal ejemplo a los hijos.

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