Quienes a sabiendas dejan errar al gobernante, merecen penas como traidores.

Alfonso X, El Sabio 

El 10 de Mayo es una de las fechas más importantes en México, el de este año fue el segundo que ocurre durante la pandemia y en un ambiente de mayor crispación. Inmersos en una crisis económica, de salud, de inseguridad, electoral e institucional. Muy alejado de la cordialidad y de la cultura de la paz que requiere nuestro tejido social.

Millones de personas que han perdido sus empleos, que sus patrimonios familiares han menguado o desaparecido, un año escolar que se ha perdido, además de cientos de miles de personas que han muerto por el Covid 19, por la inseguridad y por la violencia intrafamiliar, que se revela en mujeres asesinadas, secuestradas y violadas todos los días, son víctimas de ocurrencias y erráticas acciones del gobierno. Muchas madres viven la tragedia de buscar y esperar a sus hijas e hijos desaparecidos, así como de luchar contra la impunidad que protege a feminicidas, violadores y secuestradores.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, en el confinamiento por la pandemia de coronavirus el impacto ha afectado más a las mujeres, colocándolas en una situación de mayor riesgo de vivir situaciones de violencia y a una mayor carga de trabajo en casa, incluyendo el asumir nuevos roles, que han acentuado la inequidad de género. Por ello ya están agotadas física y emocionalmente. 

El poco interés del gobierno en la atención a las madres se revela en sus acciones: En el primer trimestre de este año se han aplicado sólo el 50.1% de los recursos aprobados en los programas orientados a atender las necesidades de las madres del país; el IMSS ha reconocido la falta de vacunas para los niños; la muerte materna ha aumentado un 72%; en lo que va de este año, han muerto 335 mujeres embarazadas, y desde diciembre de 2018 hasta abril de este año hay 5,072 niños huérfanos por los asesinatos de sus mamás.

Ha sido un amargo Día de las Madres.

Mientras cada vez más familias se ven afectadas por los daños de diverso tipo y magnitud que han ocurrido en todo el país, al inquilino de Palacio Nacional sólo le preocupan su imagen, los candidatos de su partido, denostar a sus opositores, sus conferencias matutinas, la defensa de sus ocurrencias y violar la Constitución. De sus monólogos mañaneros, que todos pagamos, hace actos nacionales sobre sí mismo, no sobre el país. Es evidente que tiene la idea de que él es México, el Estado y el Pueblo.

Sin embargo, la posición del Presidente y de su gobierno, que carecen de liderazgo para hacer frente a los retos nacionales y conducir el país hacia el bienestar general, ya han dañado su imagen. 

Es tiempo de que considere si es conveniente continuar ejerciendo el poder para polarizar más a la sociedad o si, finalmente, en atención a lo que prevé su Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, emprende la construcción de la paz y la promoción de la cultura de paz, y adopta un esquema de entendimiento, diálogo y concordia con sus opositores, a quienes ha atacado cotidianamente denostándolos, difamándolos y calificándolos de traidores a la patria. 

La ausencia de liderazgo en nuestro Presidente se revela en muchos aspectos como la incapacidad de mostrar empatía con quienes sufren por diversas causas, desde las muertes y lesiones por la reciente tragedia del Metro hasta con los deudos de los cientos de miles de personas fallecidas por el Covid 19 y la creciente inseguridad. 

Los daños ocasionados no son producto de complot alguno, de ninguna conspiración malévola. Son el resultado de sus acciones y ocurrencias; de violar cotidianamente la Constitución y la legislación electoral; atacar a las autoridades judiciales y a las electorales; desalentar la inversión y, por tanto, la creación de fuentes de empleo, así como provocar la emigración de capitales. 

El mundo y todos esperamos de nuestro gobierno un esfuerzo cada vez más intenso y convencido en favor del desarrollo sostenible, de la transición energética, de las energías renovables, de la protección del medio ambiente y de la biodiversidad.

Tristemente la visión del presidente López Obrador es retomar lo que el país vivió durante el cardenismo cuando el petróleo era el oro negro, sin considerar el cambio climático y que el planeta está en riesgo, como para apostar por los combustibles fósiles, por las energías sucias.

Estamos a menos de un mes de que se realicen las elecciones en todo el país y se ha desenfundado la espada para acabar, con cuestionables acusaciones ante las fiscalías, con candidatos incómodos. Por otro lado, resulta extraño que al Presidente no se le aplique la ley a pesar de la cotidiana violación al marco legal electoral. 

No se olvide que nuestra Democracia no ha sido espontánea, es el resultado de décadas de construcción. Sus instituciones y sus principios son un gran logro, no permitamos su destrucción.

Vivimos en un ambiente en el que la concordia se debilita peligrosamente. No es la concordia una concesión graciosa o espontánea, se trata de una vía que hace posible la convivencia pacífica, que puede evitar que quienes convivimos en este gran tejido social encontremos en la violencia la única salida. Utilizar la mediación, contribuirá a articular la vida de las personas y el espacio compartido.

Esta grave crisis que a todos nos sigue afectando exige que utilicemos el poder que otorga la bondad, principalmente para recuperar o reconstruir el tejido social y su armonía y con ello evitar la violencia. 

Es muy importante tener presente que, ante los intentos del Presidente de destruir nuestro orden constitucional, republicano, federal, con división de poderes y órganos autónomos, tenemos la opción y el derecho a resistir. 

La vía pacífica a nuestra disposición es ejerciendo nuestro voto. Hagámoslo conscientemente, protejamos a México.

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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