Helsinki. Tendrán que pasar meses o algunos años para asimilar lo que vimos ayer en Helsinki. El nuevo aliado de Trump es Rusia, y aunque ya conocíamos la admiración que sobre Vladimir Putin tiene el presidente estadounidense, no había oficializado su giro geoestratégico.

“La Guerra Fría ha acabado” dijo el presidente ruso. Palabras revestidas con aliento ideológico que el propio Putin no quiso que se disipara por intereses estratégicos; escenario histórico contemporizado por sus estrategias de poder. La frase de Putin ha de haber dejado frío al propio Putin pero refleja la felicidad que él mismo no podía controlar durante la conferencia de prensa.

Después de ayer, se debilitan la Unión Europea y la OTAN, dos de los organismos que más incomodan al presidente ruso. Felices, los mandatarios griegos, italianos y austriacos. Al diván, polacos, húngaros y por supuesto los británicos que reposan en el limbo.

Algo más, Helsinki representa para Robert Mueller una declaración formal de guerra. Ya existía, pero ahora, será salvaje. El fiscal especial lanzó sobre Trump un dardo envenenado al imputar a 12 agentes rusos por haber hackeado al Partido Demócrata durante las elecciones de 2016.

Una guerra en contra de las agencias de seguridad estadounidenses nunca será de baja intensidad.

Trump aterrizará en un Washington envuelto en llamas. El senador republicano John McCain asegura que la de ayer ha sido “una de las actuaciones más vergonzosas de un presidente estadounidense que se tenga memoria”, y Paul Ryan le recuerda que Rusia “no es nuestro aliado” (The Washington Post).  

Las filas de sus partido se encuentran entre la espada y la pared a tan solo poco más de tres meses de las elecciones intermedias. La bolsa de votos de Trump no es necesariamente representativa del partido; sin ella, la crisis saltará en beneficio de los demócratas.

Entre las nuevas aristas del triángulo estratégico se encuentra Siria; ¿era imaginable que el presidente de Estados Unidos se convirtiera por default en aliado de Bashar al-Asad. Son Trump y Putin los únicos conocedores de la respuesta. Lo que es cierto es Vladimir Putin es el único que tiene en sus manos la combinación para abrir una solución en Siria.

Irán es una incógnita. Durante la conferencia de ayer el presidente ruso manifestó las diferencias que tiene con Trump en el tema del acuerdo nuclear. Será en Israel donde se reflejen las características del acuerdo no revelado por Putin y Trump.

Fue Benjamin Netanyahu quien recibió un dulce por parte del estadounidense al haber reconocido a Jerusalén como capital de Israel, pero sobre todo, al abandonar el acuerdo nuclear con Irán.

Fueron más de dos horas a puerta cerrada y sin testigos políticos, las que usaron los presidentes para proyectar su futuro unidos. ¿Cómo actuaron en privado? Putin, brillante, como el padre que controla a un niño berrinchudo. Así actuó Trump durante la conferencia.

Que no se nos olvide Helsinki una ciudad pacífica desde donde ya se observa fuego en Washington.

FaustoPretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.