“Cuanto más me acusan, cuanto más me persiguen, más subo en las encuestas”.

Lo dijo Lula en un foro contra el hambre en Adis Abeba. Lo hizo a través de un video, ya que un juez le retiró su pasaporte por estar en medio de problemas judiciales.

En la frase de Lula subyace una idea atribuible a Hesíodo que se ha convertido en premisa básica de todo populista: “La voz del pueblo es la voz de Dios”. En el ánimo de diosificar la cotidianidad, los brasileños se conjuraron para elevar a las alturas a Lula, Pelé y Ayrton Senna como dioses a la mano.

No sabemos si Lula y su esposa Marisa Leticia aceptaron el tríplex que les ofreció el que fuera director de la constructora OAS, Leo Pinheiro, aunque sí es un hecho que la esposa de Lula mostró interés en adquirir un departamento en Guarujá, playa de São Paulo, por lo que hizo un primer pago por 1.2 millones de pesos.

Después llegó la decisión del juez Sérgio Moro: nueve años de cárcel a Lula por aceptar al departamento a cambio de contratos de Petrobras. Posteriormente llegó la decisión del tribunal de apelación: 12 años de cárcel para el expresidente.

Lula traduce la decisión de jueces en una “cacería de brujas”. Así se lo dijo al juez Moro el 13 de septiembre pasado. En esa ocasión Lula no se recató en provocar a Moro cuando le preguntó si se considera imparcial para juzgarlo. “¿Yo puedo mirar en la cara de mis hijos y decir que vine a prestar testimonio a un juez imparcial?”, preguntó Lula. Moro respondió: “Primero, no tiene cabida que usted me haga ese tipo de pregunta. Pero, de todos modos, sí”.

El entorno juega en contra de Lula. Brasil, un país que flota en la corrupción de la constructora Odebrecht, convirtió a cercanos de Lula en enemigos. Uno de ellos es Antonio Palocci, exministro de Hacienda cuando Lula ocupaba la residencia presidencial. El año pasado fue acusado por haber pactado “sobornos entre el grupo Odebrecht y agentes del Partido de los Trabajadores”.

En septiembre pasado declaró en contra de Lula buscando una rebaja en la pena.

De acuerdo a Palocci, Lula suscribió en su día un “pacto de sangre” con la constructora Odebrecht para otorgarle contratos públicos a cambio de financiación para el partido y de favores personales.

Entre esos supuestos regalos figuraban los terrenos para el Instituto Lula y un departamento contiguo a la vivienda habitual del expresidente en São Bernardo do Campo, en el área metropolitana de São Paulo.

El 13 de septiembre Moro le recordó a Lula el testimonio de Palocci. Al que Lula respondió: “El testimonio del Palocci es una cosa casi cinematográfica, como si hubiera sido escrito por un guionista de la televisión O Globo. Es tan astuto que es capaz de simular una mentira más verdadera que la verdad”, afirmó el expresidente. “Inventó la frase de efecto ‘pacto de sangre’. Ha sido él quien ha hecho un pacto de sangre con los fiscales y los abogados”.

Sería conveniente que Lula renunciara a la candidatura presidencial por el Partido de los Trabajadores. Sería muy sano que desmontara la idea de que mientras “más me persiguen, más subo en las encuestas”.

La frase rebasa los principios de Maquiavelo.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.