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Nostalgia del Caviar, La comedia cómico musical del fentanilo

Durante buena parte de sus más de cuatro años de gobierno, al presidente López no pareció preocuparle mayormente ninguno de los temas relacionados con las llamadas drogas. Los narcocárteles no ocupaban un puesto importante en su narrativa, tampoco el trasiego hacia Estados Unidos, el poder corruptor del dinero sucio, el control criminal de amplios territorios ni el creciente número de adictos en nuestro país.
Pero se convirtió en un problema de salud pública en los Estados Unidos y por lo tanto en un tema electoral. Así, comenzaron las acusaciones en contra del presidente demócrata Joe Biden por su debilidad ante un gobierno mexicano que propone abrazos y no balazos. Además de la migración y los temas de energía, los republicanos encontraron una veta política en la epidemia de fentanilo que el año pasado cobró la vida de más de 100 mil estadounidenses.
Las acusaciones en contra de los demócratas han ido acompañadas con una fuerte presión al gobierno mexicano para que ataque con mayor fuerza a los cárteles que campean en nuestro territorio, sobre todo el de Sinaloa (CS) y el Jalisco Nueva Generación (CJNG). En el extremo, legisladores y políticos republicanos han propuesto enviar tropas para combatirlos. El fentanilo se ha convertido en un punto débil de Biden y de López Obrador. Adicionalmente, la DEA ha abonado a esta causa al acusar, en todos los foros, a los cárteles mexicanos de ser los principales abastecedores de las pastillas de fentanilo.
Ante estas presiones, AMLO ha recurrido a su bolsa de trucos para tratar de evadirse del tema. Niega que en México se produzca fentanilo. Se “troquela” diría el secretario de la Defensa, Luis Crescencio Sandoval. Acusa de espionaje al Pentágono y reacciona en contra de la declaración de la DEA de que espía a los Chapitos y los infiltra. Actos de violación a nuestra soberanía, dice.
En la guerra que sostiene el presidente mexicano contra el fentanilo se ha llegado a los extremos, por un lado, trágico y, por el otro, ridículo. Hay versiones que señalan que dicha sustancia, indispensable para los anestésicos y el alivio de los dolores fuertes, ha comenzado a escasear. Muy grave. De igual manera, todos los funcionarios relacionados con el tema, desde López Gatell hasta la secretaria de Seguridad (es un decir) niegan que se elabore en México.
Con tal de complacer a su jefe, se ha llegado a extremos absurdos. En la mañanera del 4 de mayo, el secretario de Marina, el almirante Rafael Ojeda, impugnó con vehemencia un par de videos que había exhibido en su noticiero el periodista Ciro Gómez Leyva la noche anterior. Ciro señaló que los videos eran de dos cadenas británicas y que demostraban, según sus autores, cómo se fabricaba el fentanilo en Sinaloa.
El almirante Ojeda analizó los videos y llegó a la conclusión que no mostraban la fabricación de fentanilo, sustancia que se consume poco en México, sino de metanfetaminas, algo que sí se consume en nuestro país. ¡Ah, bueno, son metanfetaminas, nada de qué preocuparse! Todo esto demuestra que al gobierno no le preocupan las adicciones, las matanzas del crimen organizado ni el control que ejercen en vastas zonas de la república, sino que los Estados Unidos no presionen a AMLO. No es un asunto de soberanía, sino de imagen.
Por supuesto, no dejo de anotar que el tema es electoral en los Estados Unidos y cada uno abona para su causa. Para los republicanos es otra veta para golpear a los demócratas y, de paso, asegurar falsamente que los indocumentados son “mulas” que llevan el fentanilo a ese país. Matan dos pájaros en una sola arremetida: drogas y migración. Por su parte, la jefa de la Administración de Control de Drogas (DEA), Anne Milgram se radicaliza en un momento de debilidad de su agencia. Ella aparentemente está siendo investigada por el Departamento de Justicia por otorgar indebidamente millones de dólares en contratos sin licitación para contratar a sus socios anteriores, así como por abuso de poder.
La cereza en el pastel la pusieron los Chapitos con su conmovedora carta en la que se dicen “chivos expiatorios” y aseguran que ellos nunca han fabricado fentanilo. Que de eso no saben. Parece que el género epistolar se les da bien a los Chapitos y al presidente López. Por cierto, ambos se dicen víctimas de campañas que tratan de “ensuciar” su imagen. Ellos son honestos delincuentes (me refiero a los Chapitos), no horribles fabricantes de esa endemoniada sustancia.
Toda esta puesta en escena de norteamericanos y autoridades mexicanas sería un estupendo guión para Monty Python o Mr. Bean, es ridícula hasta la comicidad involuntaria, pero el problema es que hay vidas que se pierden. A pesar de que el combate contra las drogas de policías, soldados y campañas inútiles ha demostrado su fracaso y que sólo ha servido para cimentar carreras y fortunas, se prefiere seguir adelante. Las drogas se combaten con médicos, psicólogos, maestros, buena orientación y apoyo. Lo demás sólo es ineficaz y sangriento.