El presidente López Obrador ha declarado recientemente que en México también se desarrolla un proceso para generar una vacuna contra el Covid-19, y que ya apartó el nombre: Patria.

Eso es lo que nos quieren inyectar, y se inspira en las vacunas Soberana 1 y Soberana 2 en Cuba.

Eso es lo que les quieren inyectar por allá, y al estar ya la Soberana II en fase III, será probada en Irán y probablemente también en nuestro país.

Los cubanos llevan la delantera de los países en la región latinoamericana y en caso de que la vacuna sea aprobada, tienen planes de suministrar en este año 100 millones de dosis tanto para uso nacional como para la exportación, y plantarse como un salvavidas para los países en desarrollo que no alcanzan las otras vacunas, porque los países ricos las han acaparado.

Hasta el momento Jamaica, Vietnam y Venezuela, han expresado su interés en obtener la vacuna una vez que supere las pruebas. ¿Y patria?

Todavía no va ni en fase I, pero lo bueno es que el nombre ya ha quedado registrado, y el momento de nacionalismo exacerbado inmortalizado. En donde también ha quedado claro, que la fe es ciega y que la esperanza muere al último.

¿No habían dicho que era suficiente con un escapulario?

Al virus le dijeron: ¡Detente Enemigo que el corazón de Jesús está conmigo! Pero no se detuvo.

Seguro no ha de hablar español, y en esto la vacuna tendría una ventaja. Porque el hecho de que se plantee la idea de llegar a producirla, se traduce en soberanía nacional, y ese es un idioma que enamora a la ciudadanía.

¿Será por eso que el presidente lo anunció en un 14 de febrero?

Las vacunas, a diferencia de otros fármacos, son entidades políticas que están ligadas al nacionalismo de los países, porque conectan con el deseo de una población sana, y con el cumplimiento del concepto de seguridad nacional.

El estado sobresale porque es capaz de mantener a su población sana y recupera un poco de la confianza que pudo haber perdido ante una crisis, porque vacuna es sinónimo se solución. ¿A quién no le gustan los finales felices?

Además de que la carga ideológica puede ser detonada de una manera activa y sutil en nuestro inconsciente, cuando se sabe que la vacuna actúa a través de nosotros, y no en nosotros.

Porque está demostrado que sus componentes activos son incapaces de funcionar sin la participación del sistema inmunológico, y de esta manera, está destinada a intervenir en nuestra reacción al mundo exterior, ayudándonos a defendernos de asaltos de patógenos. Como lo es en este caso, el coronavirus.

De ahí el miedo de todos los escépticos de las vacunas, y la esperanza de todos aquellos que quieren curar a sus pueblos con la patria o la soberanía. ¿Estaremos hablando del mismo virus?

Probablemente no y en esta línea me parece importante mencionar que los rusos tampoco andan muy lejos. Porque quieren curar a su población con la Sputnik V. Con la que esta vez, ganaron la carrera a la luna, porque hay que reconocer, que fue la primera vacuna. Mientras tanto aquí, nos quieren inyectar patria. ¿Qué componentes activos tendrá?

Hasta ahora, solamente se ha detectado la ilusión y nos recuerda que los seres humanos generalmente no recordamos que pasó, pero sí como nos hizo sentir.

El último en salir apague la luz

@HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

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