“Lo que te cambia la vida al estudiar en la Singularity University”, me dice Vivian Lan Agami, “es convivir durante todo ese tiempo con personas que quieren transformar al mundo”. Los contenidos que se aprenden son por demás relevantes, comenta, “sin duda te abren la conciencia a miles de posibilidades, pero la inspiración que logras al estar con pura gente enfocada en construir un futuro mejor para la humanidad, no te permite volver a ser el mismo jamás”.

Estas palabras podrían parecer demasiado idealistas si se tratara casi de cualquier otra institución, pero el proyecto de la Singularity U está auspiciado nada menos que por Google, que es la empresa que nació precisamente con la idea de cambiar al mundo (y que efectivamente lo ha hecho), y por algunas de las mentes más brillantes de la actualidad.

Hablo por teléfono con Vivian Lan, la directora del SingularityU México Summit, en la víspera del evento que arranca el miércoles en Puerto Vallarta, y donde estará gente como Anousheh Ansari, la primera mujer musulmana en viajar al espacio y la primera en volar auto financiada a la Estación Espacial Internacional; Ramez Naam, del movimiento transhumanista (que pretende transformar la condición humana mediante el desarrollo de tecnologías que mejoren sus capacidades físicas, psicológicas e intelectuales); y el propio Peter Diamandis, cofundador de la SU y autor del libro Abundance, The Future is Better than you Think (Abundancia: el futuro es mejor de lo que piensas).

Los títulos de las ponencias son por demás inquietantes, como La era de las máquinas biológicas, El futuro de la Inteligencia Artificial y la robótica, El arribo de la computación cuántica, Energía exponencial, El futuro del trabajo y Entendiendo a la Generación Z, la primera de nativos digitales. Estoy seguro que se vivirá, a partir del miércoles 8, y como todo lo que toca la SU, una atmósfera de logros y de grandes expectativas.

Juan Martínez-Barea, en su libro El mundo que viene: por qué las próximas décadas serán las más apasionantes de la Historia, define de esta manera a la Universidad de la Singularidad: “Imaginen un híbrido entre la NASA y Teresa de Calcuta y obtendrán Singularity University. Tecnología a lo grande, inmensa ambición, el famoso think big estadounidense e idealismo y altruismo a raudales”. Ray Kurzweil, otro de los fundadores, ha sido nombrado “el verdadero heredero de Edison”, y sus predicciones como futurista han sido muy acertadas a lo largo de 30 años.

La propia historia de Vivian Lan Agami es entrañable. Cuando se le ocurrió que ya había estado bastante tiempo en su zona de confort (tiene como regla personal no pasar más de dos años sin iniciar un proyecto nuevo) decidió viajar a África a apoyar la educación de niños a través del arte. Siendo la pedagogía y las artes plásticas sus dos pasiones (estudió ambas disciplinas), y teniendo esa inquietud constante por hacer algo por la gente, la idea encajaba en su plan de vida. Antes había estado en Medio Oriente, trabajado con niños árabes e israelíes, y en Chiapas, haciendo labor con niños indígenas. Cuando buscó un nuevo voluntariado, encaminó sus pasos a Kenia.

Su experiencia fue indescriptible, como se puede pensar de una vivencia así, dejando una huella, quizá definitiva, en niños que de otra manera difícilmente tendrían acceso a las artes como medio de educación. Sin embargo, algo la contrariaba: “por más que me esforzara, por más que no durmiera, sabía que no iba a impactar más allá de 50 o 60 niños”, recuerda. Se preguntó entonces qué más podía hacer.

En eso llegó la hambruna de 2011 en todo el cuerno de África: durante tres años no llovió en la región, principalmente en Kenia, Somalia y Etiopía, y la ONU declaró que había cientos de miles de personas en riesgo de muerte. Vivian viajó a Nairobi a ayudar en lo que pudiera y posteó un mensaje en Facebook pidiendo donaciones. Para su sorpresa, el mensaje se viralizó y en 10 días juntó el dinero suficiente para armar una misión médica, con seis doctores y todo el equipo necesario, comida para 20 mil personas y reunió a 57 voluntarios de diferentes continentes.

Era el extremo opuesto de su sensación de impacto limitado: aquí un solo post en Facebook había exponenciado su petición de ayuda. Fue así como se dio cuenta de las inmensas posibilidades de la tecnología, no como un fin, sino como un medio para escalar proyectos.

Eso la llevó a Singularity, una institución que tiene como objetivo usar la tecnología para atender no los retos pequeños, sino los más grandes y aparentemente imposibles de resolver. He aquí el consejo que les da Peter Diamandis a los estudiantes: que elaboren un proyecto que pueda favorecer a mil millones de personas. Nada menos.

Una vez más nos podemos sentir tentados a calificar esto como optimismo irredento… si no fuera por los cientos de proyectos que tienen que ver con la tecnología (algunos de ellos incubados precisamente en la SU) y que efectivamente están cambiando las cosas en distintas partes del mundo.

Hoy ya se puede hacer detección de enfermedades como cáncer en tiempo récord y con costos infinitamente menores a lo que se lograba en el pasado; se piensa en la realidad virtual como un medio efectivo de educación en la inclusión, al poder los alumnos vivir la experiencia del otro “casi” en carne propia; se habla del transporte supersónico como una realidad y de la Inteligencia Artificial como algo que nos va a hacer la vida más sencilla, para que nos podamos dedicar a actividades más significativas; de la impresión en 3D tanto de casas como de comida; de los nanomateriales, de la computación infinita, de la biología sintética, etcétera, etcétera.

¿En realidad nos espera un futuro de abundancia generalizada? ¿Lograremos como especie sobrepasar nuestros milenarios problemas? ¿Cómo será, por ejemplo, el futuro del trabajo? ¿Realmente estamos destinados a laborar sólo cuatro horas diarias y en actividades creativas en lugar de repetitivas, o la automatización supone un riesgo de desestabilización a nivel planetario? Cada una de estas candentes preguntas sobre el futuro se van a intentar resolver en esta inusitada reunión de genios en nuestro país, de la que estaré reportando en este espacio.

José Manuel Valiñas

Analista de temas internacionales

Planetario

José Manuel Valiñas es articulista de política internacional. Dirigió la revista Inversionista y es cofundador de la revista S1ngular.

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