En el típico thriller escandinavo, además de la nieve, el frío, la luz crepuscular y los conflictos del detective con sus jefes y de estos con los medios; el antagonista suele ser cualquiera de los siguientes: ancianos ricos pervertidos, pastores de sectas fundamentalistas, inmigrantes serbios, ecologistas desquiciados, espías rusos, empresarios alemanes y asesinos seriales hípersofisticados surgidos de todas las anteriores. 

Mientras los misterios suecos suelen involucrar a los daneses y a la presencia de su país en África; los noruegos y los finlandeses siempre tienen presente la tensión con los rusos (con quien comparten frontera). Hay que decir que todo el furor del crimen nórdico en ficción se contradice con la realidad: escandinavia es una de las zonas más ricas, idílicas y pacíficas del mundo.

Si una diferencia tiene el noir finlandés con el resto de la ficción criminal nórdica, es su muy peculiar sentido del humor, la idea de que aún en el género negro, no puede uno sucumbir ante la depresión y la oscuridad.

Aunque su literatura negra no es tan famosa, Finlandia bien podría ser el país más oscuro de la región: Finlandia fue la única nación escandinava que le dio pelea a Hitler, y sus historias de alcohol y sangre son tema de leyendas. Su taza de suicidios es de las más altas del mundo (imposible olvidar la desternillante novela Delicioso suicidio en grupo de Aarto Paasilinna); y el número de crímenes supera a cualquiera de sus vecinos.

Sirva lo anterior como contexto para hablar de dos policíacos finlandeses recientemente estrenados por Netflix.

El primero es Bordertown (Sorjonen), una serie del 2016 que sigue un puñado de casos a los que se enfrenta el superdotado detective Kari Sorjonen (Ville Virtanen). Un tipo capaz de verlo todo en la escena del crimen, intuyendo (o deduciendo) con echar apenas una mirada en los detalles: los motivos del asesino, la manera en que se dieron los hechos y algunas linduras más.

Sorjonen es una especie de policía savant, lo que lo lleva a una vida obsesiva que tiene un poco fastidiada a su esposa e hija. Por ello, dejan la capital del país para mudarse a la lejana Lapperentaa, ciudad fronteriza donde, suponen, llevará una vida más tranquila y pueblerina.

Como puede anticiparse, Sorjonen no acaba de llegar cuando se empiezan a suceder crueles crímenes que demandan el uso de su palacio mental (la frase es suya). Además de dar promesas incumplibles de tiempo de calidad a los suyos, Sorjonen se debe enfrentar a los desconfiados policías locales y las maquinaciones políticas del alcalde (quien además es ex de su guapa mujer Pauliina).

La serie ganó tres premios en la entrega Kultainen Venla (los Emmys finlandeses) y sin embargo, es bastante mediocre y predecible. Hay algo forzado en la manera en que Sorjonen resuelve los crímenes, en la atmósfera de desconfianza, la persecución mediática y el modus operandi truculento del asesino. Nos queda claro que sus creadores se documentaron en todos los ingredientes del noir escandinavo y deciden echarle demasiada crema a sus tacos. 

Situación distinta de la espléndida Deadwind (Karppi) de 2018, serie de 12 episodios que narra la investigación de un complejo caso de asesinato en Helsinki. La encargada en resolverlo es la joven detective Sofia Karppi (Pihla Viitalia), quien acaba del regresar al trabajo después de un periodo de duelo por la dolorosa muerte de su marido.

A Karppi se le asigna un compañero novato en homicidios: Sakari Nurmi (Lauri Tilkanen), quien viene de la división financiera. Ambos forman una pareja visualmente atractiva (parecen modelos), pero su relación empieza con mala química, particularmente cuando Karppi, como buen detective noir, se quiere saltar las reglas.

Uno de los signos característicos del género es que las vidas de sus detectives siempre sufren por su dedicación. Karppi no es la excepción. Se obsesiona por el asesinato de Anna Bergdahl (Pamela Tola), como si resolver el crimen fuera a darle nuevamente sentido a su vida.

Karppi, a diferencia de Sorjonen, no es una superdotada de la deducción, es una perseverante y necia policía que va siguiendo cada pista hasta sus últimas consecuencias, aunque eso le implique meterse en toda clase de aprietos.

Los creadores se toman su tiempo, muy al estilo de la danesa The Killing, para desarrollar las personalidades de víctima, sospechosos y policías, dando lugar a pistas falsas, traiciones sorpresivas, versiones contradictorias, secretos, presiones políticas, mediáticas y económicas.

Hay pequeñísimos tropiezos formales en los primeros episodios (personas trabajando en computadoras que no tienen cable de alimentación o cuyos monitores están apagados), pero son detalles menores que no impactan la narrativa y pronto se olvidan.

Cuando nos queda claro que no habrá soluciones fáciles o trilladas y que la serie nos está demandando paciencia, atención y empatía para los personajes; el viaje mejora y el suspenso se vuelve hipnótico. Para narrar así, con el misterio envuelto en los dramas individuales de los personajes, se necesita un elenco de primera y Karppi lo tiene.

Ayuda que su director, Rike Jokela, sea también un veterano cinematógrafo y guionista de la televisión de su país, y que haya colaborado en los libretos, entre otros, con Jari Olavi Rantala, guionista reconocido internacionalmente.

Karppi es una de esas pequeñas joyas que se topa uno entre las series originales de Netflix. Un thriller que nos recuerda por qué nos obsesionamos con la trilogía millenium de Stieg Larsson y las historias del detective Wallander.

Twitter @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).