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Opinión

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Naranja, entre la espada y la pared

Si García decide —finalmente— lanzarse como candidato, el “perseguidor” se podría convertir en perseguido. El gobernador interino que proponga la oposición, podría destrabar nombramientos pendientes y auditar con lupa sus actuaciones en la gubernatura.

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Desde la reforma política de 1977, México ha avanzado gradualmente hasta convertirse en una democracia. Una democracia imperfecta y a veces ineficiente, pero democracia al fin y al cabo.

Hablando de regímenes dentro de ese sistema, durante los últimos 20 años no hemos tenido un presidente más poderoso que López Obrador. El hartazgo de la ciudadanía con la clase política tradicional permitió que Morena tuviera mayoría absoluta en el Congreso. Y desde que comenzó su sexenio, AMLO se ha dedicado sistemáticamente a concentrar el poder en su persona.

Sus tentáculos son tan largos, que el presidente influye en decisiones políticas aún fuera del ámbito del Poder Ejecutivo. En este orden, resulta muy reveladora la candidatura emecista del gobernador Samuel García, enfilada a contender por la Presidencia de la República. 

Hace apenas dos años, el propio García declaraba, aparentemente muy convencido, que su mayor activo era la juventud. No había necesidad de adelantar los tiempos políticos, toda vez que al terminar su mandato en Nuevo León apenas contaría con 39 años de edad. El plan era hacer un buen papel en la gubernatura de su Estado para luego, —quizá— buscar la presidencia. 

¿Qué empujó a Samuel García a cambiar tan drásticamente la ruta política que se había trazado? Algunas fuentes han señalado que la FGR tiene voluminosos expedientes en su contra. Supuestamente, “alguien” los habría utilizado para presionarlo.

La anterior hipótesis tiene sustento. A lo largo del tiempo que ha gobernado Nuevo León, la alianza de facto conformada con AMLO se ha mostrado en distintas facetas. Incluso el presidente lo ha llegado a apoyar públicamente en sus arrebatos. También ha habido similitudes en “el estilo de gobernar.” Ambos personajes se han enfrentado abiertamente con otros poderes y con organismos autónomos. La intimidación y persecución a opositores, el discurso polarizante, el desdén para conciliar y acordar con la oposición, el desprecio a los periodistas y el uso de recursos retóricos demagógicos —cómo calificar al “PRIAN” cómo el origen de todos los males—, son solo algunos ejemplos.

Las pretensiones presidenciales de Samuel García son evidentes: quitarle el mayor número de votos a la candidata opositora Xochitl Gálvez. Pero Samuel se está adentrando en terrenos muy pantanosos, terrenos que podrían ponerlo en una situación jurídica y política muy incómoda. La persecución que desató y la manera impulsiva y disruptiva que ha tenido para gobernar, le han abierto demasiados frentes a nivel local.

Su compañero de Movimiento Ciudadano, el alcalde Luis Donaldo Colosio Riojas —que ha sido más moderado y conciliador— declaró recientemente: “Ya estamos hasta la madre de tanto conflicto, de tanta división y de tanta inmadurez.” Desde luego, hizo esa declaración a manera de exhorto para que las fuerzas políticas lleguen a un acuerdo que ponga fin al conflicto entre el Ejecutivo local y los otros dos poderes, lo que no beneficia en nada a los ciudadanos de la correspondiente entidad federativa.

Sin embargo, es claro que lo que está en juego rebasa ya la voluntad política de las partes. Para decirlo de manera coloquial, el gobernador —ahora candidato de MC— se encuentra entre la espada y la pared. Utilizando recursos jurídicos poco ortodoxos, ha tratado de dejar como gobernador interino a su secretario de gobierno, con la finalidad evidente de que le cubra las espaldas. Pero la Suprema Corte ya se pronunció sobre este asunto. Y la decisión es que dicha facultad le corresponde exclusivamente al Congreso Estatal. 

Si García decide —finalmente— lanzarse como candidato, el “perseguidor” se podría convertir en perseguido. El gobernador interino que proponga la oposición, podría destrabar nombramientos pendientes y auditar con lupa sus actuaciones en la gubernatura. Las hostilidades han llegado a tal grado, que el asunto podría terminar con un juicio político en contra de Samuel o con una crisis constitucional. Por otro lado, si decide recular y renunciar a su postulación, el fiscal Gertz —que nunca se ha caracterizado por ser muy autónomo que digamos— podría sacar de la congeladora los supuestos expedientes que pesan en su contra. “Somos libres de elegir nuestros caminos, pero no podemos elegir las consecuencias que conllevan”, diría un viejo sabio.

Twitter: @EduardoTurrentM

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