Con motivo del Día de Acción Global por un Aborto Legal y Seguro, antier, en 18 ciudades de la República Mexicana se realizaron manifestaciones en pro de la legalización de la interrupción del embarazo y en contra de la violencia hacia la mujer.

Según los reportes en la mayoría de las poblaciones donde las mujeres marcharon, en algunas acompañados de familiares, inclusive hijos, todo transcurrió en orden. En otras, como la Ciudad de México, si bien en su mayoría las feministas se mostraron pacíficas, volvieron a dejarse ver y actuar los colectivos de mujeres encapuchadas que, paradójicamente, contra la violencia de género recurrieron a la violencia generalizada.

Las autoridades de la capital informaron que “la mayor parte de la marcha se desarrolló en calma, pero un grupo de personas –supuestamente del género femenino— con la cara cubierta utilizaron artefactos explosivos, martillos, palos y otros objetos peligrosos”. Éste agresivo grupo embozado lesionó a 27 mujeres policías, cuatro de ellas fueron enviadas a un hospital; a una trabajadora de la secretaria del Gobierno de la Ciudad; y a nueve peatones, cuatro hombres y cinco mujeres. Es decir, en nombre de la libertad de la mujer para hacer con su cuerpo y con su sexualidad lo que le plazca sin que nadie la agreda –cosa con la que estoy de acuerdo— este grupo acometió con la misma ferocidad que reclaman lastimando a 33 mujeres. Algo contradictorio, ¿no? Pero sucede que hay mujeres muy dañadas por la sociedad patriarcal en lo más profundo de su ser, en su autoestima y en su cuerpo. De ahí que las agresiones como las sucedidas el pasado martes, aparentemente injustificables, provengan de un resentimiento ancestral que tiene una razón de ser.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente una de cada tres mujeres y niñas en el mundo (35%) ha experimentado violencia física o sexual a manos de su pareja, familiares o terceros.

La violencia de género es un fenómeno global que trasciende límites de edad, estatus socioeconómico, nivel educativo y situación geográfica. No sólo es causa de la desigualdad sino, también, consecuencia de ella. En la segunda década del siglo XXI existen países y comunidades donde se margina a la mujer, donde existen normas sociales discriminatorias que disminuyen las oportunidades de educación, empleos e ingresos de las mujeres.

Un informe sobre Desarrollo Humano de la OMS en el 2015, reveló que las mujeres realizan tres veces más trabajo no remunerado que los hombres (31% contra 10%) y, cuando su trabajo es remunerado, ganan 24% menos que sus homólogos masculinos. Las mujeres ocupan solo el 22% de los puestos de liderazgo en empresas y menos del 25% de los cargos políticos y judiciales de alto nivel.

Más allá de las víctimas, la violencia de género también incide en la vida de otras mujeres. El temor a la violencia puede impedir que continúen con sus estudios, que trabajen o ejerzan sus derechos políticos.

La mitad del género humano son mujeres, a los hombres también nos duele cuando matan a una mujer, una madre, una hermana, una hija o una nieta. La lucha no es de hombres contra mujeres, es de personas buenas contra malas.

Feminismo no es lo contrario de hombría. El feminismo es una teoría y un movimiento social que busca y defiende la igualdad entre todas las personas. Para que la igualdad sea posible hay que erradicar la discriminación, la violencia, el insulto y el patriarcado.

Con sinceridad pienso, y sin estar libre de culpa, que el individuo que no es feminista, no es hombre.    

Meme

Estoy saliendo a la calle sin anillos, sin reloj, sin celular. Si me roban quiero que me roben por lo que soy, no por lo que tengo.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.

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