En un artículo de la semana pasada de Luis Miguel González llamado Tiempo de emergencias: Francia, China, Brasil... ¿y México? , se planteaban aspectos de la crisis de liderazgo de importantes países, así como desencantos y la necesidad de sacudirnos del ropaje político encubridor. Su análisis es un llamado de atención al hecho de que estamos necesitando propuestas de Estado relevantes que permitan salir del túnel.

La inercia, ignorancia y narcisismo están poniendo muros a los gobernantes, que no pueden y no quieren acometer iniciativas en favor del Estado social. Pero además, complican el escenario la falta de solidaridad, la decadencia de valores, trampas del egoísmo, ruptura de lealtades, crisis de relaciones y hedonismo elitista.

En los países desarrollados, al disolverse el núcleo de los valores de la sociedad del trabajo, se está rompiendo la vinculación histórica entre capitalismo, Estado social y democracia. El ciudadano se ve marginado, lo que explica los movimientos antisistema que plantean reivindicaciones sociales.

El neoliberalismo, eje del fundamentalismo del mercado, se está convirtiendo en una forma de analfabetismo democrático, con sus efectos secundarios, como son el individualismo exacerbado y el desastre del cambio climático. Al diablo del egoísmo sólo se intenta exorcizarlo con una retórica maniquea. Con respecto al cambio climático, hay una gran preocupación, pero pocas medidas relevantes que le den un vuelco a las tendencias nocivas.

Y como una muestra de la enorme desigualdad, están los datos del informe de Oxfam, denominado Una economía al servicio de 1% . Éste resume que en los últimos cinco años, el patrimonio de las 62 personas más ricas del mundo se incrementó 44%, mientras que el de las 3,600 millones de personas más pobres se redujo 41 por ciento. Esto significa que la riqueza se concentra cada vez más en cada vez menos personas. Y detrás de ello la manipulación que se ejerce en el interés de esas 62 personas sobre el poder económico, político y de la información.

En Davos se privilegió el intercambio de opiniones sobre el significado de la Cuarta Revolución Industrial. Y es que las tecnologías que la definen ya llegaron. Un ejemplo para imaginar la línea del futuro es la automatización de la planta de Nissan en Sunderland, Reino Unido, reconocida como una de las plantas industriales más eficientes del mundo. Ahí se fabricaron 500,000 coches en el 2014, con sólo 6,700 personas.

La base de la productividad que ahora caracteriza a la industria del automóvil, la bioquímica, los servicios médicos, los montajes y la logística es la manufactura digital y la robótica.

Igual que la utilización de materiales más ligeros, como la fibra de carbono, que sustituye al aluminio y al acero. El eje de esta nueva revolución es el Internet industrial.

No hay en el camino de las decisiones políticas el abordaje de las cuestiones del desempleo, que con estos cambios agregará azufre al panorama. En Davos se concluyó que, para el próximo lustro, por cada 7 millones de puestos de trabajo que se pierdan, sólo se crearán 2 millones de nuevos empleos.

En el siglo XIX, Carlos Marx decía que el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre. Ahora y previsiblemente mañana, los cientos de millones de desempleados gritaran en silencio: ¡Explótenme!