El presidente destacó una vez más que el monto récord de remesas de 4,500 millones de dólares en julio fue un logro de su gobierno, señalando que “las remesas llegan a las comunidades más pobres... esta derrama es la esencia de la estrategia oficial contra la crisis”. Fanfarroneando, espetó a “sus adversarios” con su vulgar lenguaje de rufián callejero: “¡Tengan para que aprendan!”.

Es evidente que si los paisanos incrementaron el envío de remesas a sus parientes en México ha sido por estas razones: A) la cuantiosa inyección de recursos para las familias que hizo el gobierno de Biden como parte del gasto anticíclico para combatir la recesión; B) esto resultó en una vigorosa recuperación de la economía estadounidense que les permitió a los paisanos retener o recuperar su empleo; C) el esfuerzo y la solidaridad con sus receptores mexicanos para apoyarlos en la pérdida de ingresos y empleos por una política gubernamental equivocada para paliar la crisis. Así que el incremento en las remesas es mérito de la decisión de los propios paisanos y de la política de gasto fiscal de Estados Unidos. Si este año las remesas alcanzaran 48,000 millones de dólares como se estima, Biden habrá contribuido más a la recuperación de las familias mexicanas que López Obrador.

Ya que hablamos de remesas, conviene aclarar algunos mitos sobre éstas. Jesús Cervantes, quien por años fue el responsable en el Banco de México de las metodologías, medición y análisis de remesas, y ahora lo hace desde el CEMLA, ha desmitificado con claridad estas ficciones. Primero, se ha dicho que, de acuerdo con datos de la ENIGH del INEGI, un monto muy reducido de las remesas llegó a las familias mexicanas. Esto es un error, pues la ENIGH se basa en encuestas mientras que la medición de remesas se hace con minuciosos registros de salida y recepción del dinero. La subestimación de la ENIGH de los ingresos familiares es un problema añejo que sobrestima la pobreza. Así, sin duda, los 40,600 millones de dólares de remesas en 2020 llegaron íntegramente a su destino de las familias en México.

Una segunda falacia es pensar que las remesas se utilizan para lavar dinero del narcotráfico. El promedio de una remesa es cerca de 400 dólares. Sería absurdo pensar que el crimen organizado lava dinero de manera hormiga, realizando millones de operaciones de remesas lo que requeriría amplias redes en ambos lados de la frontera. Lavar dinero a gran escala es más eficiente.

Finalmente, Cervantes, en el reciente News del IMEF (no. 28, en www.imef.org.mx), señala que los remitentes de remesas, contrario a lo que se cree, no son exclusivamente hombres. El autor aporta evidencia de envíos por género, y encuentra que el 25% de las remesas a México fueron enviadas por mujeres. Pero también en la recepción: el 64% del total fueron mujeres. Esto es evidencia del creciente empoderamiento del sexo femenino en el envío de remesas. Poder económico que no logran las mujeres en México al haber sido las más afectadas en su empleo debido a la pandemia, además de otros problemas no resueltos como los feminicidios.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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