La elección por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México es una competencia en la que la opción ganadora, Claudia Sheinbaum, está definida de antemano. Dado el perfil de Claudia y el posicionamiento de Morena en la ciudad, nadie duda de su triunfo. Con todo, la contienda nos ofrece una sorpresa que, por desgracia, es desagradable. Al parecer, el segundo lugar no será para la abanderada del PAN y el PRD, sino para Mikel Arriola, un tecnócrata, de reciente filiación priista, que decidió abrazar las causas de la derecha extrema. Como su candidatura es más o menos testimonial, en realidad sus posturas no son una amenaza para la agenda de derechos de la ciudad. Sin embargo, sus posiciones y argumentos, tipo Bronco, en una candidatura de un partido establecido, son un retroceso para la discusión pública del país. Le hace un pobre favor a su causa, su contribución electoral no ayudará en nada a sacar al candidato del PRI del tercer lugar nacional, mientras que el burdo manejo que realiza de temas delicados, lo descalifica a él y al grupo que representa como una opción seria hacia el futuro. Es una supuesta tecnocracia que en realidad traiciona lo que dice representar, imparcialidad, conocimiento, decisiones basadas en evidencia. En realidad, Mikel decidió hacer política con la explotación barata del prejuicio.

En el tema de política de drogas, la discusión en México ha avanzado de manera importante. Todos los partidos, incluido el de Mikel, están de acuerdo, al menos en el discurso de no criminalizar a los usuarios, en implementar políticas de reducción de riesgos y daños, aprovechar los usos médicos de sustancias ahora prohibidas, revisar penas para campesinos y personas utilizadas en las cadenas del narco, así como explorar la posibilidad de descriminalizar la producción, en formas como el autocultivo, de sustancias como la mariguana.

Mikel, que seguramente, por su experiencia en el sector salud, entiende que fomentar la discriminación profundiza los problemas de alguien que tiene un problema de adicción, que la enorme mayoría de los usuarios de drogas no desarrolla una adicción y no es un problema para la sociedad, que sustancias como la mariguana no son necesariamente puertas de entrada a otras más potentes, que incluso pueden ser puertas de salida, que los riesgos más serios para la salud que enfrenta un usuario de drogas tienen que ver con la falta de información sobre lo que consumen y el tratar con criminales cuando las adquieren. Una de dos: o nuestras instituciones de salud han estado en manos de personas que no conocen la materia o Mikel simplemente escogió buscar el aplauso fácil frente a la propuesta de una política pública sólida.

La posición de Mikel tiene daños concretos para la sociedad. Su influencia en la Cofepris, institución que presidió, explica por qué no se ha publicado el reglamento para el uso medicinal de la mariguana, que ya aprobó el congreso mexicano. Cofepris se niega a cumplir el mandato de la Cofemer para que se regule algo que se establece con claridad en la legislación, que se permita la producción nacional de mariguana para fines medicinales. Por lo pronto, miles de personas con padecimientos graves no pueden tener acceso a medicamentos y a tratamientos terapéuticos que les permitirían tener una mejor calidad de vida. Sólo porque Mikel cree que eso representa alguna ganancia electoral.

El llamado a la reforma de la política de drogas no se limita a la izquierda. Un muy buen argumento al respecto lo desarrolló el pasado miércoles en El Financiero Manuel Sánchez, un prominente economista de corte conservador. Una política de drogas más inteligente ahorraría un sinfín de problemas a la sociedad.

En México, 175,000 personas han sido detenidas solamente por poseer drogas y 156,000 por consumo, aunque el consumo no está penado. De ese tamaño es el desperdicio de recursos y el drama social de perseguir usuarios. Pero, en lugar de un debate serio, el candidato del PRI hace una campaña sin ética, que apuesta por la polarización de la sociedad. Es un mini-Trump, un bronquito chilango,  que piensa que en la política todo se vale, aunque se dañe a los demás.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.