Podemos luchar contra la muerte, pero no vencerla. Miguel de la Madrid tuvo un persistente deseo de vivir. Queda el recuerdo de un hombre con valores de calidad, respetuoso y eficaz.

Como Presidente de México enfrentó una severa crisis económica, conjunción de factores internos y de condiciones internacionales difíciles.

Financieramente el país estaba en 1982 en bancarrota. Toda proporción guardada, hoy, Grecia. México en ese año casi no tenía reservas internacionales, había una inflación desbordada, déficit fiscal alto, economía petrolizada, desconfianza de la inversión nacional e internacional, endeudamiento excesivo.

Lo que hizo el gobierno de Miguel de la Madrid fue llevar a cabo una política austera y al mismo tiempo realizar cambios fundamentales para hacer mas eficaces a los sectores público y privado. Se protegió a la planta productiva y se crearon 2 millones de nuevos empleos. Al finalizar el gobierno se instrumentó el Pacto de Solidaridad Económica para estabilizar la economía del país, bajando la inflación de manera notable. Con ello, el gobierno del Presidente Salinas pudo realizar la recuperación económica.

Posteriormente hizo un excelente trabajo en el Fondo de Cultura Económica, creando nuevas colecciones de libros, la traducción de obras importantes y la consolidación de la operación internacional.

De la Madrid era un hombre satisfecho de sus realizaciones. Después de la Presidencia se convirtió en un ciudadano que era frecuentemente invitado a reuniones internacionales, recreaba su espíritu e imaginación con la lectura de los grandes autores.

Tenía una mirada retrospectiva al futuro. En esta aparente paradoja quedaba su visión de que no sólo tenemos que sobreponernos a los problemas del pasado, superar los errores, sino que estamos obligados a preparar la historia futura. Creía que quien quisiera calcular las probabilidades del futuro debería conocer los factores que determinan el presente.

Por ello hizo en el 2006 el libro Una mirada hacia el futuro, en donde ofreció sus ideas para discutir críticamente los principales problemas del pais y las propuestas de solución.

Sabía que la gobernabilidad exige constantes y renovados esfuerzos día a día.

Rescato para el presente su experiencia exitosa del Pacto de Solidaridad Económica que encauzó las aguas al convocar a los factores de la producción para trabajar juntos y salir adelante. Fue el Pacto una demostración de que cuando la realidad se impone de manera negativa hay que modificar las teorías y modelos con un pragmatismo concertado. El Pacto abrió las opciones para evitar el deterioro productivo que padecíamos.

Su recuerdo y las condiciones difíciles del país sugieren aprovechar la realización de los pactos para convocar a que todos pongan sus mejores esfuerzos para salir adelante.