La migración es un tema de siempre. El hombre, desde los albores de su vida en el planeta, busca mejores condiciones de vida y por tanto cambia o migra constantemente.

En la actualidad la vorágine de las comunicaciones y el desarrollo tecnológico nos llevan casi a olvidar, las muy recientes migraciones que han cimbrado a nuestra civilización. La noticia de hoy mañana será sepultada en un remoto pasado casi milenario.

Hace tan sólo unos pocos años, oleadas de miles de migrantes del Oriente Medio, huyendo de las interminables guerras, asaltaban las fronteras turcas, griegas, italianas, rumanas, en fin, las fronteras de Europa toda, al igual que oleadas de habitantes de África del norte; hacían lo propio.

La reacción ha sido diferente. Encontramos desde rechazo y fronteras rodeadas de alambres de púas, para evitar el ingreso hasta la acogida fraternal y humanitaria.

Don Eduardo García Villegas (en su trabajo de ingreso a la Academia Mexicana de Derecho Internacional), desarrolla de manera magistral la parte doctrinaria que explica el fenómeno migratorio.

Nos presenta un panorama claro de las diversas causas y motivaciones que explican los movimientos migratorios desde una óptica doctrinal. Y desde luego, aunque de manera breve, se ocupa del perfil de los migrantes.

En un pasado reciente para un país, que celebra 500 años de fundado, sólo retrocedamos a las migraciones hacia los Estados Unidos de fines del siglo XIX por motivos políticos, debido a la persecución de la policía porfirista. Sin dejar de recordar a los liberales encabezados por Juárez, Ocampo y muchos más, encontraron refugio en el territorio del vecino del norte debido a los avatares de la lucha política por afianzar la República.

A esas migraciones vino a sumarse posteriormente la masiva movilización de trabajadores rurales para trabajar en los campos de cultivo y de frutales norteamericanos, cosechando y pizcando sus productos agroalimentarios, misma que aun ahora siguen realizando sus descendientes.

Así, por décadas los mexicanos emigraron hacia Estados Unidos, primero al campo, luego a las fábricas y a la prestación de servicios de toda índole, en el sector terciario.

Esta circunstancia nos permite una visión amplia y generosa sobre los migrantes, en la que coincide Don Eduardo García Villegas, sobre cómo recibir a los migrantes, que hoy desvalidos huyen de sus países de origen, por persecución política o simplemente por hambre, y explica el trato que en México dispensamos a los migrantes de Centro y Sudamérica, sin desconocer la existencia de grupos minoritarios xenófobos.

Hoy, tal y como atinadamente refiere el jurista Eduardo García Villegas, testimoniamos la llegada de caravanas de migrantes; buscan unos radicarse en nuestro territorio y otros atravesar el territorio nacional para dirigirse a la frontera con Estados Unidos para intentar el  american dream.

Es necesario que en México y en Estados Unidos logremos la sensibilización de la sociedad de que el migrante, independientemente de su condición documentada o indocumentada, debe ser tratado con dignidad.

Estoy cierto de que todos los presentes coincidimos con Eduardo García Villegas en que no es con muros ni con amenazas económicas como debe abordarse y resolverse este acuciante fenómeno social.

*Extracto del discurso leído durante la ceremonia de ingreso de Eduardo García Villegas y David Figueroa Márquez a la Academia Mexicana de Derecho Internacional el pasado 20 de febrero.

**Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM.