Desde la década de los 90, el movimiento del microcrédito se estableció muy lentamente en México. Su ritmo se aceleró durante este siglo y, de acuerdo con los analistas, se trata de un mercado maduro. Existen instituciones microfinancieras sólidas, con metodologías consistentes y un mercado cada vez más cubierto. Esto ha permitido la consolidación institucional de muchas microfinancieras.

Dos son sus talones de Aquiles. La pérdida del espíritu original que dio vida a los microcréditos -liberar a los pobres de Dacca, en Bangladesh, de los usureros- se diluyó. Las microfinancieras mexicanas se han destacado por hacer del microcrédito un negocio con escaso sentido ético y de solidaridad con los usuarios. El segundo talón han sido las tasas de interés, en las que somos líderes latinoamericanos, pero por su elevado costo. Ambos componentes son mutuamente incluyentes. La ambición por acumular ganancias a corto plazo a través de los intereses que pagan los sectores pobres y medios ha regido a nuestras microfinancieras.

Estamos ahora al inicio de otro ciclo innovador en el ámbito de microcréditos. A diferencia de la metodología tradicional de formar grupos: entregar el crédito inmediatamente (la mayoría de las instituciones así lo hacen) y cobrar cada semana, el cambio viene acompañado del uso de Internet para ofrecer créditos personales y para negocios.

Aquí nos referimos a los créditos personales, un mercado próximo a saturarse en varias regiones. Esta estrategia en línea es una nueva opción. El punto de partida de este complejo mundo del crédito es que las personas están necesitadas de dinero. Mientras más pobres, más escasea el dinero, y más tentada está esta población a tomar las ofertas rápidas (crédito instantáneo), fáciles (mínimo de trámites) y plazo corto (no más de 90 días). Son las clases medias y ascendentes las que son atraídas por esta tecnología altamente tentadora. Desde una computadora llenas una forma, se valora a través de diversos métodos y se aprueba o no. Los sectores más vulnerables, por fortuna, de momento no serán presa de estas ofertas innovadoras, pues el acceso a Internet todavía es muy limitado.

Varias son las características de este nuevo modelo de crédito personal: 1) no presencia física; 2) mínimo de requisitos, a ser llenados en Internet, además de tener una cuenta bancaria, donde se depositará el crédito; 3) plazos cortos: día, semana, mes; 4) cantidades relativamente bajas; 5) sin destino definido; 6) consulta al Buró de Crédito inexistente; 7) tasas de interés extremadamente variables y difícil comparar entre diversos oferentes de créditos en línea. El CAT puede llegar a 6,216.70% (tasa anual de 420% + IVA).

Aunque se afirma que en México el sobreendeudamiento de las familias se encuentra dentro de un rango razonable, la incertidumbre y el deterioro del salario familiar son un incentivo altamente riesgoso para adquirir deudas en línea. Particularmente cuando se trata de tasas usureras, diseñadas para emergencias, necesidades extremas o pago de otra deuda.

La Condusef publicó un artículo sobre el tema (http://www.condusef.gob.mx/Revista/PDF-s/2014/166/internet.pdf). Un paso adelante sería la publicación de quién es quién en los préstamos en línea.

*Experto en microfinanzas y coordinador de Cosechando Juntos lo Sembrado SC.