Despierto y prendo la televisión. En la pantalla veo a un niño entre los 10 y los 11 años leyendo un periódico, trae un cigarrillo encendido entre los dedos de su mano derecha. Me llama sobremanera la atención. Precisamente ese día, martes pasado, cumplía yo cinco semanas sin fumar. El chamaco de la tele no sólo sostiene el cigarro sino, ahora, le da una fumada con su consabido golpe. (El que fuma y no le da el golpe al humo mejor que se chupe el dedo).

Al ver lo relatado, pensé para mí mismo: En cuanto dejé de fumar descubrieron que el cigarro es inocuo y no sólo eso: lo recomiendan a los niños porque ayuda a crecer sanamente, desarrolla las habilidades cognitivas y la motricidad fina. De otra manera no se exhibiría en la televisión un infante fumador.

Pongo más atención al televisor en espera de que digan la marca de los cigarrillos -seguida del clásico consume frutas y verduras - para comprar la primera de una gran cantidad de cajetillas y regresar a mi, todavía, añorada adicción.

Para mi desencanto no existe tal marca. Lo que estoy viendo no es un comercial. El fumador de traje y corbata sale de su casa y es asaltado por un par de escuincles de su edad; uno de ellos trae un instrumento punzo cortante, el otro le apunta con una pistola; le quitan el celular, la cartera y el portafolios. Los chavos malandrines huyen con el botín, pasan frente a un chico escupe fuego. La banda sonora de la historia en la que ya me clavé es la canción de Clark Fisher, Una Mañana , canta: José José.

Los infantiles asaltantes en fuga se encuentran con una patrulla. Se paran en seco. Se abre la ventanilla del vehículo policiaco -auto de formal prisión-, ante la sorpresa del espectador, el policía que maneja la unidad también es niño. Mucho menor es el desconcierto que provoca en el observador el hecho de que los malhechores se tengan que mochar -ponerse amarillos o vestir la del Puebla- con el pueril guardián de la ley. Es lo normal.

La textura fílmica de las imágenes me hace pensar que estoy viendo los avances de una película de acción donde los protagonistas son niños que asumen los roles e imitan los usos y las costumbres de los delincuentes -con y sin uniforme- adultos. Sin embargo, no hay un locutor que diga el nombre del filme o el de los actores que componen el elenco o el de los cines donde será exhibido. No, no es el trailer de un thriller.

Intrigado, tratando de saber de qué se trata, continúo viendo lo que creí un comercial y que intuyo, ahora, es un corto. La cámara instalada en una oficina es testigo de una transacción al estilo Ahumada-Bejarano. Un chamaco saca de una bolsa de papel pacas de billetes que le entrega a otro -El Chaval de las Ligas- que las guarda en un portafolios y las disimula tapándolas con un periódico. En el encabezado de éste se lee: México no crece lo que puede .

El Chaval de las Ligas sale loco de contento con su cargamento de la oficina de Ahumadita. Se encuentra con un congestionamiento de tráfico. Un crío taxista protesta porque su coche no avanza. Un agentito de tránsito cree que a base de silbatazos va a poner orden y sólo aumenta los decibeles. El caos vial es causado por una manifestación de chiquillos, que protestan como grandes, a la que llegan, para reprimirla, unos granaderos chiquitos pero picosos. Al émulo del profesor Bejarano, el agentito, la manifestacioncita y los granaderitos le importan una chingadita, a él le urge llegar a su destino con su lanota. Un chamaco indigente le pide una limosna. Bejaranito va de espaldas a la cámara, pero me imagino que le dice al menesteroso: lo siento pero no traigo morralla porque éste, mediante un corte de manga, le recuerda a su progenitora -para ser congruentes con el símil del corto ha de ser una madrecita-.

Muy quitado de la pena, Ahumadita habla por celular, va a abordar su automóvil cuando tres cabroncitos armados lo secuestran. Ni chance le dan de decirles que el dinero ya no lo trae él.

De verdad que impacta ver a niños armados, sujetos, rehenes y ejecutantes de la violencia. Me cercioro de que estoy viendo el noticiero matutino y siento gran curiosidad por saber el desenlace del corto y el motivo de su transmisión.

Para que no falte nada, una camioneta de polleritos atraviesa el desierto fronterizo. A los traficantes y a los traficados los sorprende la migrita. Personas, hombres y mujeres -en realidad chiquillos y chiquillas- son baleados en la calles: dañitos colaterales. La policía atrapa y exhibe con el dinero confiscado y las armas incautadas a dos delincuentes, uno de ellos se me figuró La Barbie con 20 años menos. Cuando los pajaritos de cuenta llegan al reclusorio y vemos el hacinamiento de presos se escucha una voz que dice: Si éste es el futuro que me espera. No lo quiero. Basta de trabajar para sus partidos y no para nosotros . La que habla es una niña que va siendo rodeada por personajes, todos niños, que representan a la sociedad mexicana, continúa su mensaje:

Basta de arreglar el país por encimita. Doña Josefina, don Andrés Manuel, don Enrique, don Gabriel, se acabó el tiempo, México ya tocó fondo. ¿Sólo van a ir por la silla o van a cambiar el futuro de nuestro país .

Al terminar el corto fílmico de 4 minutos de duración, me enteré que Niños incómodos exigen a candidatos -ése es su título- es una producción de Nuestro México del Futuro, un movimiento social que ha convocado a todos los mexicanos a expresar su visión sobre nuestro país. En sus dos años de vida esta organización ha logrado recabar millones de visiones -puntos de vista sobre temas sensibles y de interés nacional- que serán recopiladas en el libro El decreto de Nuestro México del Futuro, que será entregado a los candidatos a la Presidencia de la República.

El filme en sólo dos días ha rebasado el millón de visitas. En mi opinión esta pieza audiovisual está muy bien lograda, tiene excelente factura y magnífica producción. Creo que lo aquí narrado sobre la manera en que captó mi atención es un testimonio sobre su fuerte atractivo.

Considero un acierto representar la parte más negativa de nuestra realidad nacional con niños. Con ello se logra no sólo llamar la atención hacia el mensaje, sino también se manifiesta en que si no se busca un paliativo verdaderamente efectivo al estado de las cosas que en la actualidad envuelven a nuestra nación, los que hoy son niños vivirán en un mundo de violencia y corrupción.

Ignoro el grado de persuasión que logre el mensaje. Sé que tanto Peña Nieto como Josefina se han expresado positivamente de la campaña a través de las redes sociales. (De Twitter me como un plato o twitters leemos intenciones no sabemos).

Ahora me entero que diputados federales del PRI y del PT pidieron a la Secretaría de Gobernación retirar el corto de Internet. El legislador priísta Miguel Ángel García Granados resulta deleznable utilizar menores de edad en papeles de ladrones, policías corruptos, sobornadores, etcétera. Con todo respeto para el legislador García Granados, el problema no es que niños actores representen a personajes corruptos, el problema es que éstos sean una realidad.

La petista Teresa Guadalupe Reyes pidió a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos analizar el video por la presunta violación a los derechos y a la protección de los niños. Que sea menos. En la filmación del corto se utilizaron 35 niños actores profesionales y 250 extras. Todos fueron remunerados por su trabajo. Para el que le gusta, actuar es un juego.

Invito al lector a que vea el corto. Tal vez descubra en él la causa de la molestia de los diputados. Al empezar la escena de Ahumadita-Bejaranito, se ve en un televisor la imagen de un recinto legislativo donde un orador pregunta: ¿No les da vergüenza? Luego de la entrega de dinero, los personajes salen del lugar y la cámara enfoca el aparato televisor. Se escucha al orador del principio que sigue cuestionando: Les debería de dar vergüenza eso. Miren como nos están viendo compañeros . El de la voz está fuera de cuadro. En la imagen de la tele se ve a un legislador en su curul profundamente dormido. La voz de José José impide oír los ronquidos.