Herminio Blanco fue una de las piezas fundamentales ?de Salinas de Gortari para la concreción del TLCAN.

Con el estorbo constitucional de la no reelección presidencial, Carlos Salinas de Gortari quería mantener la influencia del buen nombre que se había formado en el mundo.

Salinas se apuntaba como un natural y poderoso candidato para dirigir los destinos de la recién creada Organización Mundial de Comercio (OMC).

Como sea, este expresidente puso de moda a México durante la primera mitad de los 90 y a todo lo largo del planeta se hablaba de él y de la manera como había logrado levantar a México de una situación de crisis recurrentes a la antesala del primer mundo.

Había logrado algo que parecía imposible y que se convertía en la envidia de innumerables naciones del planeta: un Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que le daba acceso a México de manera preferencial a la economía más grande del mundo.

Pero la realidad es muy necia y no conoce de ambiciones y planes personales. 1994 fue un año fatídico para el gobierno de Salinas de Gortari. El mismo día que entraba en vigor el TLCAN en la zona más pobre del país, se presentaba un levantamiento armado encabezado por un personaje diseñado para atraer los reflectores.

El subcomandante Marcos, más que el incipiente conflicto armado, priorizó en la agenda nacional el tema de la desigualdad social. El asesinato del candidato presidencial y del Presidente, Luis Donaldo Colosio, acabó por enrarecer el ambiente.

El asesinato de Ruiz Massieu y hasta la renuncia de Jorge Carpizo a Gobernación acabaron por desvelar las fragilidades de una economía que había pedido confianza a los inversionistas para manejar el desarrollo con esquema casi piramidal.

No pasaron más de 28 días del nuevo gobierno de Ernesto Zedillo, para que el sueño se derrumbara y diera paso a una de las peores crisis económicas y financieras de este país.

El conflicto entre Salinas y Zedillo y los altos costos de la crisis hicieron que el expresidente tuviera que retirar su candidatura para dirigir la OMC y terminara haciendo una huelga de hambre que acabó por derrumbar su totémica imagen de líder mundial.

Hoy, México va de vuelta tras la dirección de la OMC y lo hace con un muy buen candidato. Herminio Blanco Mendoza fue una de las piezas fundamentales del equipo de Salinas de Gortari para la concreción del TLCAN.

Bien ganado tienen su lugar en ese equipo negociador Jaime Zabludovsky y Luis de la Calle, entre otros. Pero Herminio era la cabeza de ese grupo.

Hoy, México ha formalizado la candidatura de Blanco como aspirante a dirigir la OMC.

Tiene este mexicano la gran ventaja de que ya conoció lo que es la administración pública del comercio, como titular de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, la ya desaparecida Secofi. Y tiene también el conocimiento de lo que sufren los empresarios para superar toda la tramitología de la burocracia nacional.

Tiene una gran ventaja adicional, todo el apoyo de la actual Secretaría de Economía. Pues resulta que cuando Herminio Blanco fue Secretario de comercio, en la jefatura de planeación, comunicación y enlace estaba un regiomontano de nombre Ildefonso Guajardo.

Pues sí, con la novedad de que el actual titular de Economía, sobreviviente del antiguo régimen de Zedillo, no tendrá empacho en apoyar a su exjefe y amigo para que alcance este cargo.

No hay carrera fácil, sobre todo cuando no se conoce el peso real de los contendientes, pero México tiene la ventaja de ser un país llamado a estar de moda nuevamente, que ya superó su disputa comercial con China y de tener buena fama de ofrecer al mundo dirigentes competentes.

José Ángel Gurría tiene alta influencia desde la dirección de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. El mundo se perdió a Agustín Carstens en el Fondo Monetario Internacional, pero tienen a Alejandro Werner. Una lista importante de otros mexicanos haciendo labor en otros organismos.

En fin, que Herminio Blanco es un buen candidato para la OMC para el relevo de Pascal Lamy el próximo año.

La recesión europea, los problemas fiscales, la fragilidad económica mundial hacen muy atractivo a las economías tratar de impulsar su crecimiento con subsidios a su comercio exterior, tipo China con su amañada moneda. Y un titular de la OMC tiene que ser un buen guardián del comercio justo.

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