El sector manufacturero en México se puede volver la punta de lanza para detonar una nueva era de crecimiento en la economía mexicana.

Jim O’Neill, presidente del Consejo de Administración de Fondos de Goldman Sachs, es ampliamente conocido en el medio financiero por haber inventado el acrónimo BRICs en el 2001.

En ese entonces, O’Neill utilizó esta sigla para hacer referencia a cuatro países emergentes -Brasil, Rusia, India y China– cuyas economías podrían ser, para el 2050, superiores en tamaño a las que en ese momento componían el G-7.

El pronóstico de O’Neill va por buen camino ya que, de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional, China es la segunda economía más grande del mundo mientras que India, Rusia y Brasil ocupan los puestos tres, seis y siete en el escalafón.

A 11 años de la introducción de los BRIC, O’Neill está poniendo de moda una nueva sigla que hace referencia a cuatro países que están posicionados para dar un brinco importante en el escalafón de la economía global.

La nueva sigla, MIST, hace referencia a México, Indonesia, Corea del Sur (South Korea en inglés) y Turquía. Estos países son parte de lo que Goldman Sachs ha denominado como el N-11 –o el Next Eleven– una clasificación de 11 países emergentes distintos a los BRIC, en los cuales Goldman vislumbra una oportunidad de inversión con base en las expectativas de crecimiento.

Ésta no es la primera vez que O’Neill menciona a México como una economía con gran potencial. En una nota publicada en el 2005, el ejecutivo de Goldman Sachs consignaba que tanto México como Corea del Sur contaban con el potencial suficiente para unirse a los BRIC.

Más recientemente, en enero de este año, O’Neill expresó que México debería de ser un beneficiario natural del cambio de paradigma económico en China, heredando parte importante de la fortuna manufacturera de ese país.

O’Neill y Goldman Sachs no son los únicos con una tesis de este tipo. Hace unos meses, Julio Zamora, de Citibank, publicó una nota detallando las razones por las cuales el sector manufacturero en México ha ganado competitividad en el plano internacional y por qué esto se puede volver la punta de lanza para detonar una nueva era de crecimiento en la economía mexicana. En la actualidad, la mano de obra china es cada vez menos competitiva, los costos de transporte son cada vez más prohibitivos ante el alza de los precios de los combustibles y la protección a la propiedad intelectual es cada vez más estratégica. En este entorno, México debería convertirse en la central manufacturera para el mercado de América del Norte.

México ofrece un entorno macroeconómico sumamente estable, un marco regulatorio amigable a la Inversión Extranjera Directa (IED), una situación geográfica privilegiada y un gran mercado doméstico cuyo poder adquisitivo está creciendo de manera paulatina –aunque debería crecer más rápido.

A pesar de la crisis económica que vive gran parte del mundo desarrollado, México se encuentra en una coyuntura sumamente favorable a nivel internacional.

México debe aprovechar esta oportunidad histórica para tomar medidas internas que contribuyan a mejorar la competitividad que sigue siendo limitada por factores domésticos -como un marco laboral anacrónico; la presencia de monopolios públicos y privados que implican costos elevados de servicios básicos, como telefonía y energía; un alto nivel de corrupción institucional, y un clima de violencia que amenaza el Estado de Derecho en algunas partes del país.

México tiene casi todo para crecer a las tasas necesarias para convertirse en una de las siete u ocho economías más grandes del mundo. Los principales factores que impulsan el crecimiento económico de un país son tres: el capital, el trabajo y la productividad.

México está gozando, desde hace más de una década, de un bono demográfico que nos dota de un fuerte crecimiento en la fuerza laboral, mientras que el capital también ha crecido de manera constante gracias al fuerte incremento del ahorro interno y la relativa estabilidad de la IED.

El principal problema de México es que la productividad lleva dos décadas estancada gracias a un marco regulatorio viciado y anacrónico en varios sectores claves que fomenta la búsqueda de rentas en lugar de la competencia. Si México quiere convertirse en potencia económica, la productividad tiene que mejorar y nuestra clase política tiene que entender que es necesario llevar a cabo reformas que, seguramente, vulnerarán los intereses de algunos grupos de poder.

[email protected]