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Opinión

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México, entre la responsabilidad y la no intervención

Para nadie fue una sorpresa que las potencias occidentales implementaran una serie de sanciones contra Rusia por la invasión a Ucrania. El Presidente ruso, Vladimir Putin, ya había experimentado algunas sanciones desde 2014 tras la anexión de Crimea.

Hace algunas semanas no hubiéramos imaginado que una potencia militar invadiera a uno de sus vecinos bajo el pretexto de una posible instalación de bases militares de la OTAN. Tratando de entender este asunto desde el otro lado del planeta, ¿qué pasaría si Rusia o China pusieran bases militares en México o Canadá? Dudo que Estados Unidos tuviera la mínima serenidad. Sin embargo, lo que debe prevalecer es el derecho: cada quien su territorio y sus soberanas decisiones, y eso aplica para Rusia y cualquier otra nación. Nadie tiene derecho a invadir a otro. La nostalgia imperialista no justifica una guerra.

Se anunciaron distintas sanciones contra Rusia y ahora contra Belarus. Los primeros mensajes determinaban sanciones casi simbólicas contra Putin y su círculo más cercano en el sistema bancario estadounidense, ¿será que Putin abriría una cuenta bancaria en Bank of America? Lo dudo, pero tras esos mensajes siguieron nuevas sanciones cada vez más serias, Europa mostró una renovada unidad y la valentía del pueblo ucraniano inspira la solidaridad en distintas latitudes del planeta.

La imposición de sanciones se muestra como señal inequívoca del compromiso de cada país con la democracia y las libertades. De cierta forma pudiera ser que sí porque Rusia sí merece sanciones, pero lo que nos indican algunos casos de países que se encuentran bajo sanciones es que si no están bien diseñadas acabarán lastimado y empobreciendo más a la población y perpetuando los regímenes que se supone que desean combatir.

No todas las sanciones son iguales, ni persiguen los mismos fines, ni tienen las mismas consecuencias. Entre las muchas sanciones que se han anunciado contra Rusia podemos ver algunas que parecen menores pero que mandan un mensaje diplomático claro como es el veto a varios funcionarios rusos de entrar a decenas de países.

Otras sanciones más duras están dirigidas a aislar a Rusia de la economía global: se retira a algunos bancos del sistema SWIFT, se le cierran los espacios aéreos y se cancelan proyectos emblemáticos como el gasoducto Nord Stream 2. Ahí está el visible impacto de estas sanciones en el valor del rublo y las reservas internacionales a las que el gobierno no podrá tener acceso, pero desde otra perspectiva también debemos ver que esto se traducirá en el empobrecimiento del pueblo ruso que en muchos casos no avala esta guerra.

Existen también sanciones que son contraproducentes como la expulsión de estudiantes rusos de distintas universidades, o al menos cuestionables como las sanciones deportivas que condenan a jóvenes a sufrir las consecuencias de las decisiones de un presidente que no da margen alguno para que puedan disentir públicamente. Sí, es un mensaje alentador que la potencia invasora sea vetada de los eventos que unen a las naciones, pero esta será una generación de jóvenes que a pesar de su preparación y sacrificio, ahora pagarán las decisiones de Putin quedándose sin derecho a competir.

México ha tomado distancia de este conflicto, y nuestro gobierno condena la invasión pero se abstiene de sumarse a las sanciones. Si México no se convierte en una plataforma de diálogo útil para la paz, debe sumarse a las sanciones que sean realmente efectivas para detener o limitar a Rusia en el corto plazo, y aquellas que sean dirigidas contra los responsables de esta guerra. Suiza mandó un mensaje importante olvidando la neutralidad que le caracterizaba y esa decisión probablemente afecte a numerosos oligarcas rusos. Nuestro país, al menos, podría revisar si esos oligarcas tienen cuentas bancarias o propiedades en México que pudiéramos congelar. México es vecino de la potencia más belicosa del planeta, espero que nuestra geografía detone una mayor empatía con Ucrania, y sea más potente que la equivocada interpretación que le hemos dado al principio de no intervención.

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