El Banco Mundial acaba de publicar uno de los estudios más importantes sobre la economía mexicana de los últimos años. Se llama Crecimiento de la productividad en México, comprendiendo las dinámicas principales y los determinantes clave. Hasta las 10 de la noche de ayer, sólo se habían hecho 324 descargas de ese documento que es de acceso gratuito en la página del Banco Mundial. Por el número de descargas, podemos suponer que el documento ni siquiera se está leyendo en las principales cámaras empresariales, secretarías de desarrollo económico estatal o dependencias clave del Gobierno federal.

¿Por qué tan pocas descargas? Una hipótesis es que hay otros temas más “sexis” en la agenda: Guerra en Ucrania; Inauguración del aeropuerto; Encarcelamiento del exgobernador Bronco; la saga de Alejandro Gertz y su exfamilia política; Secuelas del drama Sasha-Luis de Llano... Otra posible explicación es la resistencia natural a leer reportes que nos recuerdan que no vamos por el camino correcto, que hace mucho tiempo no vamos en la dirección correcta.

¿Qué es lo que dice este informe del Banco Mundial? La productividad de México creció 0.1% anual en promedio entre 1990 y 2019. En ese mismo periodo, la productividad de Corea del Sur creció 3% y la de América Latina, en promedio, 0.8%, en otras palabras, Corea tuvo un crecimiento de la productividad 30 veces mayor que México. América Latina fue ocho veces mayor que nosotros. Otros países de la región tuvieron un desempeño mucho mejor que México, entre ellos Chile y Uruguay, también Perú y Argentina.

“México ha sido una economía en cámara lenta”, dice la primera frase del documento. Es una metáfora muy poderosa que sin duda se quedará entre nosotros por un tiempo. Podemos compararla con el famoso A tale of two Mexicos, que produjo McKinsey la década pasada y también dejó huella. Tenemos una economía en cámara lenta para una sociedad que va en cámara rápida. El Banco Mundial pudo también haber usado otra metáfora. México es un equipo de futbol que mete pocos goles, a pesar de estar muy cerca de la gran portería. Tenemos eso que dicen que es infalible: location, location, location. Estamos pegados al mercado más grande del mundo y tenemos un tratado de libre comercio con ellos, pero eso no ha sido suficiente.

El informe describe con frialdad quirúrgica los pobres resultados económicos que tuvimos desde 1990. Vale aclarar que muchas de las soluciones que propone son de corte liberal: más apertura y más competencia. Nos recuerda el daño económico que nos ha hecho la baja calidad de la educación. “El nivel educativo es bajo y los planes de estudio no están actualizados. Como resultado, la falta de habilidades cognitivas lleva a las empresas a reportar incompatibilidad entre habilidades y necesidades, lo que limita el empleo y la expansión de las empresas… por lo tanto, el crecimiento económico”. Más que el capital humano, la acumulación de mano de obra ha sido el principal motor de crecimiento económico en las últimas tres décadas. En esto México ha sido diferente a otros países. Lo poco que hemos crecido es acción y efecto de la demografía. Hemos acumulado mano de obra mas que capital. Valga decir, mucho de esto ha ocurrido en el sector informal, con poca productividad.

El trabajo está firmado por Leonardo Iacovone, Rafel Muñoz, Eduardo Oalaberria y Mariana de la Paz Pereira. Una aportación interesante de ellos está en el capítulo dedicado a desigualdades regionales. La diferencia de productividad se ha ensanchado entre las regiones más ricas y las más pobres. Nuevo León, Ciudad de México y Querétaro se han separado de Chiapas y Oaxaca. No es la geografía, sino las desventajas en educación, conexiones y logística. Si en vez de considerar los Estados, ponemos atención en municipios, encontramos un hecho al que le hemos puesto poca atención: los municipios más dinámicos del sur sí están cerrando la brecha frente a los del norte.

El informe está dividido en seis capítulos. Los cuatro expertos hacen recomendaciones para resolver nudos en financiamiento, capital humano, tecnologías, desarrollo regional... Hay una en particular que me parece llena de sentido común: hay que reducir el papel de los inspectores. Estos señores y señoras tienen facultades discrecionales que propician la corrupción. Pueden cerrar un negocio e interrumpir las actividades productivas. ¿Cuánto ganaríamos si les quitáramos a los inspectores sus “superpoderes” y los dejáramos en su condición de simples mortales?

mgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.

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