En alguna ocasión, el ex primer ministro de Canadá, Pierre Trudeau, señaló que “ser vecino de Estados Unidos era como dormir junto a un elefante: cualquier movimiento del paquidermo puede aplastarte”. La metáfora del político canadiense se está aplicando de manera implacable en el momento actual cuando la reforma fiscal lanzada por el presidente Trump bajará previsiblemente la tasa del impuesto aplicable a las empresas en aquel país de 35 a 20% sobre las ganancias.

La medida propuesta por Trump, que ya fue aprobada por los senadores, puede tener importantes y graves repercusiones sobre México. Un primer efecto podría ejercerse sobre las inversiones que está en posibilidad de captar México y que inexorablemente compiten con las que capta Estados Unidos. El otro efecto será el que pueda ejercerse sobre la recaudación del ISR en nuestro país.

En buena medida, la problemática se plantea por el gran diferencial que se abrirá para el mismo gravamen entre un lado y el otro de la frontera. Un diferencial de 3 o 4 puntos porcentuales en la tasa impositiva no necesariamente podría tener un gran efecto, pero el margen que se derivará de la reforma fiscal de Trump se ubicará en 15 puntos porcentuales. ¡Posiblemente, imposible de sostener sin un daño muy grande tanto en el nivel de la inversión total interna como en la recaudación tributaria!

¿Qué hacer? Una opción será no hacer nada y esperar a las repercusiones que puedan producirse en ese nuevo contexto de los diferenciales tributarios. La apuesta parece riesgosa y podría resultar muy dañina. Por otro lado, el rumbo de acción alternativo se presenta difícil, con un margen muy estrecho para aplicar ajustes fiscales.

Posiblemente lo más juicioso será intentar un ajuste mixto que combine una acción en tres frentes. Por un lado, una reducción del ISR aplicable a las empresas aunque no alcance a cerrar la brecha de 15 puntos que se abrirá como resultado de la reforma de Trump. Asimismo, deberá quizás desplegarse un esfuerzo todavía mayor en materia de racionalización del gasto público. ¿Cómo? Apretándose el gobierno todavía más el cinturón presupuestal. Tercero, buscar compensar la pérdida de ingresos por concepto del impuesto a las corporaciones mediante la elevación de otros tributos, posiblemente del IVA o algún otro. El panorama se ve difícil, pero habrá que empezar a discutir las opciones.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico