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Mexicanas en Auschwitz
La placa de metal corta el paso de los visitantes recién llegados al poblado de Brzezinka, en la helada Polonia. Se lee en inglés: En este lugar donde los nazis asesinaron a 1 millón y medio de hombres, mujeres y niños, en su mayoría judíos de diversos países de Europa, queda este grito de desesperación y advertencia . Tal cual: a diferencia del resto de campos de concentración, donde los prisioneros realizaban trabajos pesados, en Auschwitz sólo iban a ser ejecutados.
Más adelante está el Museo de la Memoria, que antecede al conjunto de edificios que hace casi 65 años conformaban el segundo módulo del campo de concentración Auschwitz-Birkenau, donde el Ejército del III Reich llegó a confinar a más de 120,000 prisioneros, gente de prácticamente toda Europa.
En 190 hectáreas, los alemanes edificaron más de 150 construcciones, la mayoría de las cuales fungían como barracas, en cuyo interior había filas interminables de literas de alrededor de dos metros de largo por dos de ancho cubiertas con paja, donde llegaban a dormir hasta 10 o 12 personas. También estaban los edificios de la administración y dirección del campo; kilómetros de las vallas de seguridad, la rampa del ferrocarril, la parada final de los convoyes llenos de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los cuales eran llevados directamente a las cámaras de gas.
Desde el verano de 1944, uno de los edificios lleva el nombre de México. Nadie, hasta ayer, podía dar una explicación convincente de esta nomenclatura. Y es que un equipo de investigación del diario A.M. de León a cargo de Raúl Olmos acaba de publicar que al menos cuatro ciudadanas mexicanas estuvieron recluidas y murieron en ése, el peor campo de exterminio en la historia de la humanidad.
Dos de ellas, oriundas de la ciudad de México, habían sido arrestadas en Francia. Se trata de Sussane Max (su verdadero apellido era Klotz), de 33 años, y de su hermana Denise, un año menor. Identificadas como judías, a mediados de 1943, fueron enviadas al campo de internamiento de Drancy, ubicado en un barrio al noreste de París.
El 31 de julio de 1943, ambas fueron obligadas a subir a un tren con destino a Auschwitz. Cinco días después, fue reportada su muerte. Muerta en deportación , se inscribió en sus actas de defunción, fechadas el 5 de agosto de 1943.
Similar historia y martirio padeció Elisia (o Alice) Dreyfus, originaria de Chihuahua, quien partió de Drancy el 31 de octubre de 1943 con destino a Auschwitz, donde falleció. Tenía 31 años de edad. La investigación del A.M. de León basada en un rastreo exhaustivo de los archivos de media docena de países europeos también refiere la muerte de Anita Germaine Guggenheim (aunque su apellido original era Ullman), nacida el 10 de enero de 1899 en la ciudad de México, quien falleció el 25 de noviembre de 1943, también en Auschwitz.
En el viejo campo de concentración no hay documentos que certifiquen su fallecimiento.
Sin embargo, las autoridades francesas a petición de los periodistas emitieron un decreto en el que ordenaron agregar las palabras muerte por deportación , en los certificados de defunción de las cuatro mexicanas. Y en todos los casos se añadió además el dato: muertas en Auschwitz.
Este esfuerzo periodístico transcontinental merece todos los reconocimientos posibles, sobre todo, porque es la constatación de lo que el periodismo escrito puede aportar en esta era de la información en tiempo real y la saturación de datos en las redes sociales. El equipo coordinado por Olmos hizo lo que tenía que hacer: descubrir, donde antes había sólo un hecho, al ser humano que está detrás de ese hecho; a la persona de carne y hueso afectada por los vientos de la realidad aunque ésta sea remota.
Al menos 11 mexicanos fallecieron en campos de concentración nazis entre 1940 y 1944: tres eran de Guadalajara, uno de Puebla, una mujer de Chihuahua y el resto de la ciudad de México. 10 de ellos eran jóvenes. Cinco tenían menos de 30 años, otros cinco entre 31 y 34 años, y sólo Anita Germaine sobrepasaba los 40 años.
El clímax de esta historia es apenas un atisbo en la investigación del A.M. de León. Y es que un grupo de mexicanos, que originalmente habrían combatido del lado republicano en la Guerra Civil española, terminarían prisioneros de los nazis y muertos en los campos de concentración.
Se trataría de al menos cinco muchachos, adscritos a la Red de Voluntarios Españoles de la Guerra (Rotspanier).
Uno de ellos, José Sánchez Moreno Gualda (nació el 5 de octubre de 1909 en la ciudad de México) fue enviado al campo de prisioneros de guerra IX-A Ziegenheim y después transferido al campo de concentración de Mauthausen, donde se le asignó el número de prisionero 11514. En aquel campo nazi permaneció esclavizado más de un año hasta que fue transferido a la prisión de Gusen, en donde murió el 22 de septiembre de 1941. Pasó 13 meses y nueve días encerrado, sometido a la esclavitud de los nazis.
Su historia después de casi siete décadas apenas comenzará a saberse.