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Meet Me in the Bathroom y la nostalgia del nuevo milenio

Foto: Especial
Meet Me in the Bathroom es una fascinante historia oral que mapea el ascenso de una nueva generación de músicos en una ciudad mitológica llamada Nueva York en el nuevo milenio. Meet Me in the Bathroom: Rebirth and Rock and Roll in New York City 2001-2011 es un libro de la periodista Lizzy Goodman (Harpercollins, 2017) y también es un documental de Dylan Southern y Will Lovelace que retrata un momento de ruptura en una ciudad rota.
Meet Me in the Bathroom es un documento nostálgico sobre la escena de Nueva York a principios del año 2000. En aquel momento confluyeron bandas como The Strokes, Interpol, Yeah Yeah Yeahs, TV on the Radio, LCD Soundsystem, Ryan Adams, Fischerspooner, Regina Spektor, Vampire Weekend, The Rapture, The National, Le Tigre, y The Moldy Peaches, por mencionar algunos.
La ciudad de Nueva York que durante la segunda mitad del siglo XX tuvo a los movimientos folkloristas de Greenwich Village, la fábrica de Andy Warhol y sus happenings musicalizados por The Velvet Underground en los sesenta, el punk y el new wave de CBGB’s de los setenta, el desarrollo del hip hop en el Bronx y Harlem, encontró en estas bandas una nueva mitología que contar durante la primera década del siglo.
Es un momento marcado por la ansiedad tecnológica del nuevo milenio y el Y2K. Los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas. La llegada de nuevas tecnologías que transformaron la forma en que consumimos productos culturales, escuchamos música y el ascenso del internet como nuestro principal medio de comunicación. Es también una historia sobre cómo la ciudad de Nueva York se transforma con las políticas de Rudolph Giuliani y la gentrificación expulsa a sus artistas al otro lado del puente de Brooklyn donde se gestan nuevos espacios culturales, medios de comunicación y un nuevo fenómeno cultural de consumo.
Y con la llegada de los blogs, los medios nativos digitales y posteriormente el iPod, también ocurrió ese momento de democratización en nuestros gustos musicales donde comenzó a cohabitar el rock con el electro, punk, el freak folk con el pop y otros géneros musicales.
Los directores Southern y Lovelace hacen la tarea titánica de adaptar una mega obra coral a un reducido documental de 108 minutos. La adaptación cinematográfica —estrenada esta semana en plataformas digitales— se enfoca en contar los inicios de Interpol, LCD Soundsystem, Liars, The Moldy Peaches, The Rapture, The Strokes, TV on the Radio y Yeah Yeah Yeahs, pero se queda corto en capturar todo el fenómeno.
Southern y Lovelace previamente hicieron Shut Up and Play The Hits, un documental sobre LCD Soundsystem que captura “su último concierto” en el Madison Square Garden en 2011. En aquel momento el concierto era la despedida de la banda comandada por James Murphy y simbólicamente cierra este momento en la historia.
Tanto el libro de Goodman como el documental son una exploración sobre la mitología de Nueva York donde aparentemente nunca ocurre nada, pero que siempre ha sido un referente cultural.
El texto de Lizzy Goodman captura la confusión de toda una generación que comenzaba a consumir música a través del internet, se alejaba de las tiendas de discos físicas, las revistas y lentamente se iban hacia los blogs y posteriormente las redes sociales.
El trabajo visual de Southern y Lovelace se queda corto ante la inmensidad coral que retrata Goodman. Los directores nos quieren transmitir el sentimiento de lo que era vivir aquel momento de creación de nuestros mitos modernos, pero su narrativa es incapaz de abarcar toda una década de música e incorporar todo el coro de voces bajo el que se construye el libro.
Meet Me In The Bathroom es una mirada nostálgica a un momento donde todavía aún no éramos completamente digitales pero tampoco 100% análogos. Se construye a partir de nuestros propios recuerdos como la primera vez que escuchaste “Last Nite” de The Strokes. O aquellas fiestas donde sonaba “Emerge” de Fischerspooner, “Daft Punk is Playing at my House” de LCD Soundsystem o “House of Jealous Lovers” de The Rapture en algún hoyo funky clandestino.
antonio.becerril@eleconomista.mx

