La creciente tendencia de abrir consultorios médicos en farmacias, es decir, en punto de venta de medicamentos, se detonó en México desde hace 15 años, pero su gran impulso se ha dado en los últimos dos años debido a varios factores: el control impuesto para la venta de antibióticos, la saturación de salas de espera en sector salud (clínicas del IMSS, ISSSTE o centros de salud estatales) y junto con ello cuenta el bajo costo de la consulta en farmacias y su accesibilidad y cercanía.

Actualmente, operan más de 10,000 consultorios médicos en cadenas de farmacias. Sumados a los de Dr. Simi están los de Farmacias del Ahorro (que son gratuitas), Farmacias Guadalajara, Tiendas Soriana, GI y otras cadenas menores. La mayor cadena de autoservicio, Walmart, ha querido incursionar desde hace rato en este esquema, pero se le había complicado; parece ser que ya encontró el mecanismo adecuado de hacer alianza con los médicos y muy pronto arrancará finalmente un plan de consultorios en sus farmacias.

Lo interesante es que este esquema parece resultar eficiente –están atendiendo a 25 pacientes por día– y no sólo para las grandes cadenas de farmacias y para las empresas farmacéuticas al ver fortalecido el segmento de venta al detalle, sino también para los pacientes, sobre todo para un perfil de paciente joven que no ve, como otras generaciones, un halo casi sagrado sobre el médico y que sí busca, con cierto pragmatismo, resolver su conflicto de salud ágilmente sin perder un día de trabajo haciendo filas.

En una encuesta reciente, IMS Research –el nuevo brazo de investigación de IMS Health, el principal proveedor de inteligencia de mercado para la industria de la salud– detectó varios aspectos sobre el tipo de paciente que asiste a los consultorios de farmacias: van de todos los niveles socioeconómicos incluidos AB, C+, C y C-, de ambos sexos, principalmente, de entre 19 y 30 años y sobre todo trabajadores de oficina con horarios rígidos y movilidad limitada.

Las razones por las que recurren a estos consultorios son principalmente males gastrointestinales y respiratorios, así como todo tipo de dolores de cabeza o migraña, náuseas y vómito, y fiebre y cuerpo cortado. A la pregunta de si no existieran estos consultorios, qué hubieran hecho, 39% respondió que hubiera ido a un médico particular, 22% al sector público, y lo más grave y revelador es que 37% no hubiera llegado a un médico, sino que hubiera pedido algo en la farmacia o se hubiera automedicado por recomendación de un familiar o por experiencias propias previas. Un punto a analizar en el futuro sería si estos consultorios de farmacia están reduciendo la automedicación, característicamente elevada en México.

Se encontró también en dicha encuesta algo que pareciera obvio: el precio sí es una razón para abandonar al médico particular y, al mismo tiempo, aunque en instituciones públicas de salud la atención es gratuita, se le resta preferencia debido a la gran cantidad de tiempo que debe dedicarse antes y durante la consulta; es decir, resulta más eficiente el médico de farmacia aunque se tenga que comprar el medicamento.

En cuanto a calidad, los pacientes encuestados se mostraron satisfechos y ocho de cada 10 ya habían acudido antes a estos consultorios, lo que indica que es una opción recurrentemente utilizada.

Es un esquema que, si lo vemos bien podría parecerse al del antiguo boticario, en el que la gente confiaba y llegaba a consultar siempre dándole la medicina adecuada, con la diferencia de que los consultorios de farmacias son atendidos por médicos. Esta modalidad podría influir fuertemente en el rumbo que tomará la atención de salud en el país.

De hecho, IMS Health, comandada por Héctor Valle, ha recomendado a las autoridades que aprovechen esta tendencia natural para concesionar por completo la atención médica de primer contacto y, junto con ello, privatizar la red de farmacias de todo el sector salud. A simple vista tal propuesta suena demasiado drástica y radical pero, si uno de los grandes retos que tiene por delante el gobierno entrante es que el sistema público de salud sea eficiente y menos oneroso y, junto con ello genere ahorros centrando el presupuesto en renglones clave, cabría analizar todas las alternativas. Y quién duda ahora de que la mayor ineficiencia está sobre todo en la atención de primer contacto, al grado de que ha empujado a la gente a preferir ir al médico de la farmacia

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