La premisa es sencilla. Una conversación entre un Beatle y Rick Rubin, uno de los productores más importantes de las últimas décadas, sobre la música, el arte de la composición y la producción, la creación artística y algo más. Esto es lo que nos promete la serie de Hulu, McCartney 3,2,1, lanzada en México bajo la nueva plataforma de streaming Star+. Y eso es justo lo que nos entrega. A lo largo de seis capítulos McCartney 3,2,1 será una nueva obsesión para los Beatlemaniacos que medio siglo después de la separación de The Beatles siguen sedientos por más detalles sobre cómo se hicieron algunas de nuestras canciones favoritas compuestas en conjunto por John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, y Ringo Starr, compusieron entre 1962 y 1970.

Rick Rubin es un aclamado productor que ha trabajado con artistas como Beastie Boys, Red Hot Chili Peppers, Shakira, Tom Petty, Johnny Cash, Slayer, Run D.M.C., Kanye West, Ed Sheeran y Lana del Rey. Es fundador de la disquera Def Jam. Rubin y McCartney protagonizan una verdadera clase magistral apoyada con algunas de las grabaciones de The Beatles, Wings y su extensa obra en solitario, para hablar sobre las canciones por las que nos hemos obsesionado.

Para algunos estudiosos de la música contemporánea, The Beatles sentó los parámetros sobre los cuales una banda de rock debe operar. En sus ocho años de trabajo en estudio, The Beatles pasaron de grabar discos enteros en un día, como lo hicieron en su álbum debut Please Please Me durante una maratónica sesión de 13 horas, a encerrarse por varios meses para afinar una canción o un disco en su totalidad, como lo hicieron en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y sus trabajos subsecuentes.

En uno de los momentos más fascinantes, McCartney desmenuza cómo The Beatles construyó en los estudios Abbey Road los efectos sonoros de canciones como “Tomorrow Never Knows”, una oda a la psicodelia con la que cierra el álbum Revolver. The Beatles fue uno de los grupos que ayudó a transformar la producción musical con sus experimentos sonoros y la inclusión de otro tipo de instrumentación ajeno al rock. El uso de loops —fragmentos de cinta repetidos y alterados en el estudio— en aquella composición de 1966 fue una de las muchas innovaciones que The Beatles introdujo en la música popular, así como el uso de arreglos de cuerdas e instrumentos clásicos utilizadas en canciones como “Eleanor Rigby” o “Yesterday”.

Foto: Cortesía Star+

El único gran problema con McCartney 3,2,1 es que es demasiado corta y nos deja con ganas de más. La serie servirá también como un preámbulo para el estreno del esperado documental Get Back dirigido por Peter Jackson, en donde el director australiano de la saga de El Señor de los Anillos reconstruye los últimos meses de The Beatles que fueron capturados por la cámara del documentalista Michael Lindsay-Hogg a finales de los años sesenta y que fueron la base para el documental de 1970 Let It Be. Como se lo habíamos adelantado en una entrega previa del Mixtape, para este documental de seis horas de duración Jackson se sumergió en la restauración de más de 60 horas de pietaje inédito y también tuvo acceso a más de 150 horas de grabaciones de audio que revelan otra perspectiva sobre el momento donde esta legendaria banda de rock se encontraba al borde de la separación. Get Back se estrenará también junto con la reedición del 50 aniversario de Let It Be, que vendrá acompañado con varios discos extras de tomas alternas, ensayos y algunos demos de aquel periodo y también un libro que recopila las letras de McCartney desde 1956 hasta hoy.

McCartney 3,2,1 puede considerarse como un nuevo pretexto para acercarse o regresar —si es que alguna vez nos hemos alejado— de la obra del cuarteto. Medio siglo después de que John, Paul, George y Ringo tomaron sus propios caminos musicales seguimos obsesionados con esta nostalgia musical y por lo pronto habrá mucho material para poder continuar la disección sobre obra de The Beatles como lo hemos hecho por más de medio siglo.

antonio.becerril@eleconomista.mx 

Antonio Becerril Romo

Coordinador de operaciones de El Economista en línea

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