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Opinión

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María: estrella de esperanza

Diciembre es un mes de celebración mariana. El 8 de diciembre celebramos la Inmaculada Concepción y el 12 a la Virgen de Guadalupe. Al final de un año tan turbulento vale la pena mirar al cielo para dar gracias a la siempre Virgen María por ser estrella de esperanza en un mundo en el que todo se ha vuelto cada día más incierto.

Entre el ruido y los distractores que nos rodean, se acerca la Navidad y corremos el riesgo de olvidar el sentido y la trascendencia de estos días. Entre reuniones, posadas y cenas (para quienes se atreven a arriesgarse en plena pandemia), las preocupaciones inmediatas, el deseo de terminar un año o empezar las vacaciones, nos distraen del verdadero propósito de estas fechas.

Para quienes celebramos el nacimiento de Jesús, Hijo de Dios y nuestro Salvador, el origen de esta alegría infinita está en el sí de la Virgen María. La mujer humilde que, ante el anuncio del Ángel dijo sí a los planes de Dios aceptando alegremente Su Voluntad. Sin saber qué sucedería exactamente en el camino, su gran mérito fue confiar plenamente en el plan divino. Gracias a Ella y a la grandeza de su corazón, el Hijo de Dios se hizo Hombre y entró en nuestra historia para dar sentido a nuestra vida y trascendencia después de la muerte.

En un año de tantas pérdidas, duelos e incertidumbre para toda la humanidad, recordar este episodio resulta esperanzador y sanador. Porque no importa lo que esté pasando o cúanto estemos sufriendo, Dios está vivo en cada uno de nosotros y entre nosotros. Porque a pesar del mal que nos acecha de tantas formas y bajo muy diversas expresiones, la Virgen María de Guadalupe se ha quedado en México de una manera extraordinaria para recordarnos el Amor de Dios todos los días y acompañarnos en el camino de nuestra vida aún cuando podemos llegar a sentirnos abandonados.

Estas fechas no son un día festivo más sino la ocasión perfecta para volver los ojos y el corazón a Ella que siempre nos lleva a su Hijo quien está esperándonos para ofrecernos la vida nueva que anhela nuestro corazón.

Después de un año como 2020 no podemos ni debemos ser los mismos, estamos llamados a ser mejores. No podemos seguir viviendo como antes, motivados por el ego y viviendo como si sólo importáramos nosotros. La grandeza de la Virgen María está en su confianza en Dios. Ella nos enseña a creer más, a esperar más y a amar más. Que estos días sean ocasión de verdadera celebración dejándonos guiar por su amor y ternura de Madre siempre presente.

Que México vuelva a ser siempre fiel a Ella y a Dios para que tengamos la fuerza y la inspiración necesarias para pedir y aceptar una vida nueva, para volver a empezar, para elegir (RE)inventarnos. Digamos sí a Dios como lo ha hecho Ella desde siempre y para siempre.

*El autor es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

aregil@ipea.institute

Twitter: @armando_regil

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