El mal dormir tiene costos sociales y económicos más elevados de lo que se pensaría. No sólo por ausentismo, incapacidad y baja productividad, sino que podría ser causa de hipertensión, obesidad y sobrepeso de muchos mexicanos.

La carga social y económica del mal dormir aún no está muy bien cuantificada, pero es real y hay que aminorarla. En particular, el insomnio ya está incluido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) dentro de los mayores problemas de salud pública.

No es tomado muy en serio por la población y, lo peor, la mayoría de las veces tampoco por los médicos, pero la ciencia del sueño lleva 30 años de estudio -15 en México desarrollándose adecuadamente con clínicas especializadas. Cada vez más los somnólogos -especialistas en tratamiento y estudio del sueño-comprueban que es un mal con infinidad de consecuencias que afectan calidad de vida, productividad y competitividad.

La Sociedad Mexicana del Sueño calcula que el insomnio lo padece una tercera parte de los habitantes 3 de cada 10 , similar proporción que en otros países. En Canadá se hizo un estudio en 2009 de donde surgió que la pérdida de productividad para las personas con insomnio es de hasta 27.6 días por año, y que no dormir bien, no sólo deriva en ausentismo laboral, sino también en un indicador más: notorio consumo de alcohol como apoyo para dormir.

En este escenario es que la Sociedad Mexicana del Sueño busca promover que los médicos se capaciten en torno a detectar y atender los trastornos del sueño pues hoy en día existen tratamientos adecuados que pueden significar un cambio radical de vida para la persona que normalmente no logra un sueño reparador.

Hay otro hecho importante: El doctor Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM, ubicada en el Hospital general de México, dice que ya se estudia la relación evidente entre el mal dormir y males cardiovasculares como hipertensión, obesidad y sobrepeso, lo cual sería un dato trascendental para la población mexicana. Es como aquel dato de que genéticamente los mexicanos tendríamos tendencia a la diabetes, ahora aunado a ello tenderíamos a subir de peso y a elevarse nuestra presión arterial debido a nuestros problemas para dormir. Todo un ciclo vicioso que, por otro lado, quizá nos permitiría entender también unos elevados índices de depresión entre los mexicanos.

El doctor Haro Valencia nos menciona que hay 20 categorías de insomnio; para cada una hay distintas terapias, y si se combinan con una indicada higiene del sueño, es posible controlar la que sea, aún los casos más crónicos y difíciles.

Y hay un punto de sumo interés: la mayoría de los médicos aún siguen prescribiendo los fármacos usados para dormir desde hace 50 años pero que pueden causar fuerte dependencia. Se trata de las benzodiacepinas que son más seguras que los barbitúricos (éstos pueden causar la muerte por sobredosis), pero en realidad hoy en día ya existen tratamientos mucho más efectivos y sin los efectos secundarios de las benzodiacepinas. Se trata de los medicamentos Z (Zaleplon, Eszopiclona y Zolpidem).

Las benzodiacepinas son más indicadas para controlar ansiedad; son relajantes musculares potentes y anticonvulsivos, pero no son inductores del sueño, y sus efectos adversos a la larga terminan alterando la expresión del dormir. Los efectos secundarios de las benzodiacepinas es que la gente se siente cansada, lenta mentalmente, con problemas de atención y de memoria, además de que el paciente desarrolla dependencia e intolerancia , dice el también vicepresidente de la Sociedad Mexicana del Sueño. Los medicamentos Z, de última generación, no tienen esos efectos.

En México sólo está autorizado el zolpidem (de la francesa Sanofi Aventis), un inductor del sueño que es un compuesto de corta duración con efectos sólo durante la noche; no tiene riesgo de adicción reportado hasta ahora ni modifica la estructura del sueño. El punto es que en el Sector Salud siguen prescribiendo los fármacos antiguos, pues no se ha renovado en este aspecto el cuadro básico. Los costos de esto pueden estar resultando elevados. No sólo desde el punto de vista de costo social y seguridad social por la tanta gente que está cansada, alterada y propensa a desarrollar alteraciones psiquiátricas por no dormir bien, como depresión y ansiedad, sino por los costos que conlleva la falta desintegración familiar, social y laboral de esta parte de la población mexicana que realmente no descansa en la noche.

MEDICINA CARDIOVASCULAR

Que los cardiólogos ya deberían nombrarse médicos cardiovasculares. Al menos así lo hizo ver el doctor José Navarro Robles, durante la presentación del libro Medicina Cardiovascular, un super tabique de más de 1,500 hojas en el que participaron más de 200 expertos y que se ve será referencia por años en torno a esta especialidad en México. Fue editado por la Asociación Nacional de Cardiólogos, auspiciado por el laboratorio MSD.