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Opinión

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Los controles de precios para contener la inflación

La voz de alarma del INEGI de una inflación del 7.7% al consumidor y de cerca de un 10% al productor, siendo mucho más alta en los productos de la canasta básica, ha levantado con razón todas las alarmas. Ni siquiera el aumento de la tasa de interés a 6.50%, que puede llegar a 8.50 hacia finales de año y la subida de las tasas de la FED han servido para algo.

La inflación es multicausal. La inflación se puede definir como la batalla que realizan los perceptores de rentas (empresarios, Estado, trabajadores). A un aumento de salarios por parte de alguno de estos grupos, los demás hacen lo mismo y se cae en un incremento de precios. En México históricamente la inflación ha respondido más bien al déficit gubernamental, que se ha cubierto con circulante del Banco de México. Por eso, la autonomía constitucional del Banco de México y su mandato de mantener el poder adquisitivo de la moneda en la época de Salinas fue crucial. Desde entonces, bajamos los niveles de inflación cercanos al 200% a tasas inferiores a dos dígitos. El aumento de precios que arrastramos no ha llegado todavía a dos dígitos.

¿De dónde proviene el incremento de precios en nuestra economía? Vivimos en una economía globalizada, donde lo que hace un país afecta a los otros. En nuestro caso, nos afecta mucho lo que sucede en Estados Unidos. Biden inundó de trillones de dólares la economía norteamericana para que esta no colapsara, y tuvo un aumento inmediato en la inflación, que superó las cifras alcanzadas en los años setenta y ochenta y transmitió esta tendencia a México. En nuestro caso, la escalada de precios no ha tenido su origen en el manejo de la economía de México. De hecho, Banxico ha aumentado de manera importante las tasas para disminuir la inflación de manera mucho más rápida que en Estados Unidos, pero los efectos no se han notado todavía, y a pesar de que ello puede tener un efecto recesivo.

Para bajar la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores, se ha escuchado que AMLO ha pedido a su gabinete económico inicie conversaciones con los productores o importadores de productos básicos para alentarlos a disminuir sus incrementos de precios. Inclusive se habla que se podría ordenar un control de precios en alrededor de 25 productos para contener la inflación.

Los controles de precios pueden utilizarse de manera coyuntural, cuando van acompañados de otras medidas. En México, además, para llevar a cabo los mismos se requiere que se trate de productos básicos, que el Ejecutivo emita un decreto publicado en el Diario Oficial señalando los productos afectados y una declaratoria de falta de competencia efectiva de la Comisión Federal de Competencia Económica. Lo tradicional ha sido que nuestras autoridades dicten dichos controles sin esperarse o pedir siquiera el dictamen de la Cofece. Las empresas pueden ampararse, pero por considerarse de orden público e interés social no suele otorgarse la suspensión provisional.

Por otro lado, si la autoridad dialoga con los productores para llegar a acuerdos de precios, se está convirtiendo en cómplice para que éstos incurran en prácticas monopólicas absolutas de acuerdos de precios. En nuestra economía éstos deben ser fijados por el mercado, por la interacción de la oferta y la demanda, que, así como puede llevarlos hacia abajo, también puede impulsarlos hacia arriba. Lo que no se vale es apostar por el modelo de mercado cuando los precios bajan y obligar a controlar los precios cuando el mercado los lleva de subida.

México tiene una fuerte tradición de controles de precios o de precios acordados entre los sectores productivos desde la década de los ochenta, especialmente en la época del presidente Miguel de la Madrid. Casi todos fueron infructuosos, salvo el Pacto de Solidaridad, instrumentado por Salinas de Gortari, que utilizó todo tipo de herramientas ortodoxas y heterodoxas para bajar los precios en forma efectiva, logrando en poco tiempo bajar la inflación a un dígito. Ahora es más difícil lograr bajarlo porque el incremento obedece a una subida mundial de precios, a la influencia de Estados Unidos y por la guerra entre Rusia y Ucrania. No debe olvidarse, como sucedió en el periodo neoliberal, que una inflación baja no constituye la única finalidad de la macroeconomía, como sucedió con los gobiernos neoliberales. Hay que combinar el control de la inflación con el crecimiento económico y el desempleo bajo. El problema es que en México hemos llegado a la peor de las situaciones: la estanflación, crecimiento estancado con inflación galopante.

¿Cómo salir de este problema? Lo que queda claro es que con el control de precios o el acuerdo ilegal sobre precios solamente se llegaría a una disminución transitoria de la misma. Ramírez de la O y su gabinete económico deben hacer gala de mejores destrezas para combatirla. O de otro modo se podrían aumentar los agravios cara a las elecciones de 2024. Si no, que le pregunten a Biden, donde el incremento de la economía no ha sido suficiente para disminuir su popularidad a mínimos históricos.  

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