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Los archienemigos

Irán e Israel, hoy archienemigos, por mucho tiempo fueron aliados. Irán fue uno de los once miembros del comité especial de las Naciones Unidas (formado en 1947) para concebir una solución para Palestina después el fin del mandato británico y, tras Turquía, fue el segundo país de mayoría musulmana en reconocer a Israel después de su fundación en 1948. Desde ese momento los lazos diplomáticos, comerciales, militares y de seguridad entre ambas naciones fueron muy sólidos. Pero en 1979 el sha fue derrocado y nació la República Islámica con el ayatolá Ruhollah Jomeini al frente.
El nuevo régimen se enfrentó a las grandes potencias y a sus aliados regionales, principalmente Israel, al cual describió como “el aborrecible opresor del pueblo palestino”, y como el “Pequeño Satán”, en contraposición con el “Gran Satán” Estados Unidos. Teherán cortó todos los lazos con Israel y Jomeini enmarcó la cuestión palestina como una causa islámica y no solo árabe para proporcionar a Irán la capacidad de liderarla algún día.
Al parecer ese día ha llegado. Actualmente Irán está al frente de un “eje de resistencia” antiisraelí integrado por Siria y grupos políticos armados del Líbano, Irak, Palestina y Yemen. Israel, por su parte, respalda a una variedad de grupos suníes y kurdos opuestos al gobierno iraní. Los dos gobiernos están detrás de una larga serie de ataques a los intereses del otro dentro y fuera de sus territorios en una especie de “guerra en la sombra”. Si bien no hay pruebas contundentes de la responsabilidad de Irán en los ataques terroristas de Hamas del pasado 7 de octubre, su complejidad y alto nivel de coordinación han llevado a muchos a especular al respecto.
Ahora Teherán ha estado amenazando a Israel y a Estados Unidos con una inminente ampliación regional de la guerra con Hamas si Tel Aviv intensifica sus ataques en Gaza y sus bombardeos a posiciones de grupos pro-iranés en el Líbano y Siria. Pero en realidad los ayatolas no están interesados en iniciar una guerra a gran escala y solo tratan de hacer algo de propaganda con esta crisis. Su participación directa en un conflicto frontal con Israel y, eventualmente, Estados Unidos, generaría un daño monumental a su régimen, el cual ha enfrentado problemas de gobernabilidad en los últimos años.
Irán quiere mantener su reputación como la principal fuerza antiisraelí en el mundo musulmán, pero sin desencadenar un peligroso conflicto regional. Para navegar por este delicado equilibrio emplea una retórica grandilocuente contra Israel mientras brinda apoyo y bendiciones a sus aliados Hezbolá y Hamas, pero para la mayoría de los observadores es poco probable el inicio de una guerra con Israel.
El conflicto en Gaza es una oportunidad para Irán de reivindicar un supuesto liderazgo moral ante el llamado “Sur global” y también sirve a los ayatolas al desviar la atención local de su mal gobierno. Aun así, esta guerra podría marcar un cambio significativo en la correlación de fuerzas en la región con implicaciones negativas a largo plazo para la estabilidad y la seguridad mundiales.