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Los amorosos huesos

Al presidente López le gusta hacer listas y censos. En estos más de cinco años ha presentado listas de varias cosas y personas. Una de las famosas listas que presentó fue la de empresas y personajes a los que se condonaron los impuestos en los pasados dos sexenios. Aunque aclaró que era “legal”, dejó en claro que esa “legalidad” era complicidad. Según el SAT, en los 50 nombres considerados había empresas, constructoras e instituciones bancarias.
En aquella ocasión, 4 de marzo de 2022, mencionó a Televisa, de la que señaló que le condonaron 20 mil 400 millones de pesos (MDP). Otras empresas mencionadas fueron Banamex, Cemex, Grupo Carso, ICA, Grupo Salinas, Inbursa, General Motors, Bancomer, etc. Presentó a estas empresas y personajes como evasores o algo peor: enemigos del pueblo. Posteriormente, se vanaglorió que en su sexenio se acabaron estos favores.
Personalmente, no tengo problemas con que se les cobre los justo a los deudores fiscales, pero preocupa que se dé en un ambiente de persecución y linchamiento. Se les exhibió públicamente y se les dio el tratamiento de evasores, probablemente utilizando información fiscal que podría considerarse reservada. Esa no fue la única ocasión en que mencionó a quienes, según él, eran parte de la oligarquía beneficiada, los traidores que escatimaron los recursos que le correspondían al pueblo. Esta misma semana los volvió a mencionar y los llamó cretinos y caraduras.
En otra ocasión, en la mañanera del 26 de julio de este año, dio a conocer la lista de lo recibido en el pasado por periodistas y medios críticos de su gobierno. Acusó a Animal Político, La Silla Rota, Raymundo Riva Palacio, Joaquín López Dóriga y decenas más de estar en su contra porque se les había acabado el “negocio”. Desde luego, tiene sus favoritos: Ciro Gómez Leyva (del que sugirió que había organizado un autoatentado), Carmen Aristegui y Carlos Loret de Mola, entre algunos más. Los ha llamado hipócritas, corruptos, manipuladores y otras lindezas. ¿Se violó alguna ley al dar a conocer públicamente estos datos? Eso no parece importarle.
Hay otras listas que no le gustan, por ejemplo, las del censo de personas desaparecidas y no localizadas, pero todo depende quién se las presente. El 27 de octubre de 2022, también en la mañanera, el subsecretario Alejandro Encinas mencionó que en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas (RNPDNL) se contabilizaban 100 mil desaparecidas entre 1964 y 2020. Acusó que las administraciones anteriores “no cumplieron con su responsabilidad de encontrar a las personas que están ausentes desde hace décadas.” En esta ocasión, el presidente no hizo ningún aspaviento. El subsecretario había culpado a los presidentes anteriores. Es lo que necesitaba escuchar y no se detuvo a analizar las cifras.
Pero cuando el 10 de enero de 2023 se dio a conocer que en 371 días la cifra se había incrementado en más de 10 mil, llegando a 110 mil 14 personas desaparecidas, y que en ningún otro sexenio el fenómeno había sido tan intenso, entonces el asunto se volvió insoportable para el presidente López, que se ve a sí mismo como el campeón de los desprotegidos y de los derechos humanos. Comenzaron las presiones a Karla Quintana, la comisionada nacional encargada del tema.
El 9 de junio de este año, López Obrador anunció que se haría un censo de los desaparecidos para tener la plena certeza de los datos y que estaría listo en un mes. Todo esto a pesar de que el trabajo del RNPDNL estaba respaldado por ONU Derechos Humanos y múltiples organizaciones sociales con las que la Comisión Nacional encargada trabajaba.
Por supuesto, la sospecha es que ese “nuevo” censo significa la desaparición de los desaparecidos, un maquillaje de un problema grave, que representa cientos de miles de heridas abiertas a los largo y ancho del territorio, una crisis humanitaria que golpea a todos los sectores de la sociedad, pero se manifiesta más brutalmente en los más pobres. El país no puede alcanzar la paz si no se detienen estas ausencias, cualquier logro o crecimiento que se alcance estará manchado de sangre si no se encuentran los cuerpos que corresponden a estos ya más de 110 mil nombres. Según SEGOB, hace dos años había más de 52 mil cuerpos sin identificar. Son los muertos de nadie. Karla Quintana renunció a su cargo el pasado 23 de agosto y ha acusado que el “nuevo” censo es un intento de cambiar las cifras para exonerar de toda responsabilidad al gobierno de López Obrador.
Esta semana, a pregunta de un asistente a la mañanera que inquirió por el famosos censo que supuestamente debería estar listo en julio pasado, el presidente prometió que en un mes se daría a conocer, pero señaló que se están encontrando a todos.
Mientras, en los campos y montes de nuestro país, madres, esposas, hijas, padres, hermanos, amigos, aguardan en silencio a que sean descubiertos sus amorosos huesos, como diría Miguel Hernández.