Señoras y señores, este es el reporte semanal de la Gran Carrera por el Gran Premio de México 2018.

Como ustedes saben hay aficionados de hueso colorado que preparan durante seis años su presencia en este gran evento. Hay quienes compraron paquetes especiales para ir acompañan al primer lugar porque la lógica indica que es ahí donde se dan los acontecimientos más importantes.

Pero no ha sido así. Lo que han podido apreciar esos aficionados es un monótono ruido de motor que pareciera que corre solo.

En las últimas semanas Lopitos, El Molido Solitario se ve hamaqueándose dentro de su bólido y hasta de momentos baja la velocidad, baja por refrigerios en los tendejones y dedica buena parte de su tiempo a hacer lo que a él le gusta, placearse por pueblos y rancherías de todo el territorio.

Sus estrategas dicen que la fórmula secreta es pueblear para ganar y hasta sacan las estadísticas de que es el corredor que más pueblos ha visitado en toda  la República, mientras a los otros no los sacan de la capital, Puebla y el Estado de México.

El hombre de la escalera

A un costado de la carretera lo sigue su reducida comitiva entre la que destaca el hombre de la escalera. Sí, se trata de un escuálido personaje que donde quiera que se para el corredor aparece arrastrando la escalera. No lo vaya a confundir usted con el hombre del teléfono-grabadora que siempre está detrás de él.

Bueno, este sujeto hasta parece que está interpretando a papa chuchito en  Semana Santa.

Lo que pocos saben es que este hombre es indispensable en la estrategia de imagen del corredor. Y más que ahora gana todos los tramos. Lo que se conoce como el podio cuando se atraviesa la meta etapa por etapa.

En cuanto el corredor se quita el casco y desenfunda el peinecito Pirámide, herencia de su abuelo cuando importaba esos codiciados instrumentos, el hombre de la escalera se pone en acción. La instala en friega (que quiere decir rápido), para que, desde ahí, Lopitos El Molido Solitario se eche sus séntidos agradecimientos y tire línea.

Dicen que así mantienen controlados a esos molestos reporteros que luego se le arremolinan para tratarlo de hacer enojar y no lo vayan a magullar ahora que tiene que cuidar su corazoncito recientemente anillado. Tienen mala fama los camarógrafos que hasta entre ellos se jalonean. Además así garantiza su mejor ángulo y no le estorban en la imagen los micrófonos y grabadores frente a su carita. Lo único que se quita antes de subir al segundo escalón es su protección, sí, las coronas de flores que se pone para subir al templete y que siempre trae en el Tablero. Recuerde usted que en Puebla hasta le dijeron que parecía en hombre aquel de la gustada y vieja serie gabacha ochentera de La isla de la Fantasía con enano y todo.

Dicen que en Catemaco le confeccionaron el primer hilo con flores ensartadas. Las originales deben ser de rosa de Castilla, framboyanes  y guayacanes, pero ya no las usa porque ese color amarillo le trae malos recuerdos. Ahora pide que le pongan unas gerberas moraditas, que hacen juego con su carro.