La folie á deux fue un trastorno mental que se puso muy de moda en el siglo XIX. La mejor traducción de este problema es locura de dos, ¡ah caray! ¿se puede? Los manuales de diagnóstico psiquiátrico de hace unos años decidieron mejor llamarlo “trastorno psicótico compartido” que se refiere a personas que curiosamente van desarrollando ideas delirantes parecidas a las que sufre un amigo o pariente cercano que sufre esquizofrenia.

Y bueno para no hacerles el cuento largo, de plano en la actual edición de DSM o Manual de Diagnóstico Psiquiátrico, mejor ya no aparece esta alteración. El asunto se pone interesante… ¿a poco una enfermedad de este tipo puede desaparecer? Yo creo que no. Lo que ha sucedido es que aún no se logra desentrañar cual es el mecanismo íntimo, neuroquímico, eléctrico o si se prefiere mental de esta afección que hace que muchos compartan delirios, alucinaciones o ideas sobrevaloradas. Un gran misterio.

Muchos informes de expertos, en esa cosa tan extraña que es la mente, comenzaron a encontrar que la “locura a dos” no necesariamente lo era, sino que podía existir la folie á trois, á quatre, o á famille, esto es de tres, cuatro miembros o toda la familia se ponía bien loca. A ver, a ver, ¿qué está pasando ahí? ¿Quizá la locura se contagia? ¿Se pega? ¡Qué miedo!

Lo que sucedía y sucede en estos casos, se describe así: personas aparentemente “normales” (cualquier cosa que eso quiera decir) súbitamente enloquecen y coincidentemente viven o frecuentan a otra que padece esquizofrenia o un trastorno delirante o disociativo y en ocasiones (ante un terrero o mente fértil) la locura se comparte o si usted prefiere puede “asimilarse”.

Y recuerdo este padecimiento por algo que sucedió en la CDMX hace unos cuantos días. Veamos. Después de darse a conocer en la mañanera, un video ¿delator? donde se muestra al ex coordinador de Relaciones Laborales y Recursos Humanos de PEMEX, Alejandro Cabrera Fernández, comiendo en un restaurante con Carlos Romero Deschamps, ex líder sindical de esta institución, se despide al funcionario porque “ la empresa productiva del Estado considera que el actuar de la persona mencionada fue unilateral y sin el conocimiento y mucho menos la autorización de sus superiores jerárquicos y porque se apartó de los principios éticos que rigen a PEMEX”. Así mero dice el comunicado de la quebrada empresa. ¡Órale!

¡Para los burócratas de la 4T está prohibido juntarse con determinadas personas! ¿Y cuáles son los principios éticos de la empresa de los que se apartó el despedido? Ahí les va, provienen del documento de la actual administración “50 puntos para prevenir la corrupción en el gobierno de AMLO”. El punto 13 dice así; “Los funcionarios de Hacienda, Comunicaciones, de Energía y de otras dependencias, no podrán convivir en fiestas, comidas, juegos deportivos o viajar con contratistas, grandes contribuyentes, proveedores o inversionistas vinculados a la función pública”. ¡Gulp!

O sea, si usted es funcionario de la actual administración en caso de toparse o estar en la misma mesa en una boda, bautizo, restaurante o participar en un partido de baseball (digo yo) con alguno de los sujetos prohibidos y señalados huya usted despavoridamente de ellos si quiere conservar su puesto. En el caso de que el encuentro se dé en un avión y tenga usted la mala suerte de que el estigmatizado le quede al lado, primero que nada, ni voltear a verlo, ni pedirle el paso para hacer pipí, y mejor recuerde siempre llevar un paracaídas de mano o de perdida lanzarse por alguna de las puertas de emergencia que nunca faltan por jodida que esté la situación en la aerolínea. Muestre usted su ética y principios, por favor.

En fin, psiquiatras del mundo, arrepentíos, la locura no solo puede ser a dos, a cuatro y hasta a 30 millones, se puede compartir y desde luego se contagia. Yo, como ustedes verán, ya estoy al borde.

Psicodramas y consultas

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.