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Lo público, lo privado, la cocina y el 8M

A veces con más dolor, o con más rabia, otras con dignidad o con la cabeza en alto de una lucha que pareciera no tiene fin, pero la realidad es que de unos años a la fecha, el 8 de Marzo resuena con más fuerza en la sociedad mexicana, específicamente en las mujeres, hartas de vivir la violencia machista día con día, de soportar los miedos, el acoso y el abuso, simplemente por el hecho de ser mujeres.
Ríos de tinta han corrido sobre lo que significa ser mujer en un país feminicida, y sin demeritar lo profundo del dolor que esto implica, también en el ámbito de la alimentación se viven fuertes situaciones de desigualdad y violencia hacia las mujeres. Basta echar un simple vistazo por ejemplo, a la industria gastronómica, donde la mayoría de chefs celebridades está representada por hombres, y no por una cuestión de mayor pericia culinaria o mejores habilidades en la cocina. Es simplemente, el resultado histórico de la relegación de las mujeres al ámbito privado y su poca presencia en el espacio público todavía en el siglo pasado.
Es justamente en esta distinción de lo público y lo privado, en donde encontramos los mayores contrastes. En México, la mayoría de hogares tienen a una mujer como la encargada de gestionar la alimentación del hogar, ya sea contratada o una cabeza de familia. Además, son las mujeres las principales cuidadoras de menores y de personas de la tercera edad, existiendo o no, un lazo consanguíneo y en muchas veces, como una actividad extra a la actividad remunerada que realizan. En México, nos vanagloriamos de nuestra gastronomía y su representación ante el mundo, obviando un poco que son las mujeres las portadoras de estos saberes culinarios que en las últimas décadas son “representados” en ámbitos del jet set, justamente por hombres.
Entendiendo que la lucha no significa estar por encima de nadie, la realidad es que esta distinción en lo público y lo privado, ha cobrado facturas que no podemos darnos el lujo de afrontar hoy en día, como el hecho de que la principal violencia que viven las mujeres hoy, es justamente la doméstica, principalmente a manos de su pareja, mas no exclusivamente. No hay distinción en violencia doméstica en cuanto a nivel socioeconómico, contrario a un lugar común en el que se cree que es algo inherente al nivel socioeconómico bajo. La violencia se da en todos los estratos, de maneras diferentes, e increíblemente, algunas veces justificada. La violencia doméstica, y las creencias de las personas alrededor de estas prácticas toman una plataforma justo en esta creencia de que lo que pertenece al espacio privado se queda en lo privado: como la distinción entre cocina pública (la de los grandes chefs hombres) o la privada (la de mujeres extraordinarias cocineras que preparan para su familia). Justo en esta dicotomía es donde se perpetúan las prácticas de inequidad que deben desarraigarse de cualquier comunidad, si queremos avanzar como civilización.
La normalización del acoso en las cocinas, de la violencia física o psicológica en casa o en el trabajo de cocina es uno de los grandes males con los que hemos vivido durante muchos años como sociedad. Alzar la voz, señalar y visibilizar, no son actos vacuos, sino pequeños pasos para avanzar como sociedades. Además de todo esto, nos queda por comprender también que una sociedad más equitativa es un beneficio para todos, y no sólo para las mujeres.

