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Opinión

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Lecturas sobre la lectura

La columna de la semana pasada sobre las exageradas cifras de lectura en México amerita reflexiones complementarias. Una de las primeras y más intrigantes empezaría en pertinencia misma de cuantificar el número de libros leídos. Sea la cifra resultante motivo de orgullo o vergüenza nacional. ¿Son los supuestos beneficios de la lectura de libros exagerados por las élites culturales?

En las Ferias del Libro y eventos de fomento a la lectura, se suelen enarbolar argumentos a favor de leer, como afirmar que quienes leen libros (se especifica) se vuelven mejores personas. Esto gracias a que la lectura abre la percepción a otros puntos de vista, se cultiva la tolerancia y se genera empatía por los otros, o sea los demás que habitamos el mundo. Aunque para contrarrestar dicho argumento no falta quien esgrime el nombre de tal o cual político o dictador ilustrado.

¿Hay algún beneficio real en un país con altos niveles de lectura, más allá de las obviedades sobre educación, remuneración profesional y desarrollo científico?

Aunque no se ha estudiado una correlación directa, valga una empírica: Los cinco países más pacíficos (y mejores lugares para vivir) de acuerdo al índice global de Paz del 2014, son Islandia, Dinamarca, Austria, Nueva Zelanda, Suiza y Finlandia. México tiene el lugar 138 de 162 países (incluso abajo de Ruanda, Myanmar e Irán). En nuestro continente, el primer lugar lo ocupa Canadá (7), el segundo Chile (30) y el tercero y cuarto Costa Rica (42) y Argentina (43) respectivamente. EEUU va por el 101 y México ocupa el penúltimo lugar (el último es Colombia con el 150).

No hay estudios de lectura en todos estos países, pero rastreando los que podemos encontrar, descubrimos que los cinco países en el primer lugar del IGP ocupan también en los primeros lugares en lectura de libros, mientras que aquellos en los últimos lugares del IGP, arrastran también los últimos sitios en lectura.

¿Quiere decir esto que la clasificación en el IGP se debe a que leen mucho? Por supuesto que no podría afirmar tal cosa. Pero hay una interesante coincidencia que no puede soslayarse. El IGP mide, conflictos internos y externos, muertes por estos conflictos, relación con los vecinos, percepción de la criminalidad en la sociedad, refugiados, inestabilidad política, actividad terrorista, homicidios, crímenes violentos, manifestaciones violentas, número de policías, gastos militares, capacidad nuclear, acceso a armas, etc. ¿Cambian algunos de estos factores si buena parte de la población es lectora? Probablemente sí.

Quepa la la distinción frente al dato que arroja la puntuación en el llamado Índice Mundial de Cultura de NOP. Basado en entrevistas realizadas entre 2003 y 2005 a 30 mil personas mayores de 13 años sobre sus hábitos de consumo cultural; entre ellos el número horas a la semana que dedicaban a la lectura. El resultado fue una lista donde nuestro país registró el lugar 25 de 30 (5.30 horas a la semana de lectura).

Sin embargo, el índice NOP merece algunos cuestionamientos importantes: Se contabilizó hace más de una década. De los cinco países que encabezan el IGP, ninguno fue estudiado. Aunque aproximar una cuantificación del consumo de recreativo de internet, televisión, radio y lectura suena en el papel interesante; los resultados divulgados, concretamente en la lectura, no especifican ni qué leen sus entrevistados, ni cuánto leyeron en ese tiempo, ni su nivel de comprensión. Se vuelve una suma de datos anecdóticos: En India leen 10.7 horas, en Tailandia 9.4 pero ven 22.4 horas de TV. En Argentina se escuchan 20.8 horas de radio, en Taiwan se la pasan pegados a la computadora. México sumaba 11.6 horas de TV, 11.1 de Radio, 6.3 de Internet y 5.3 de lectura.

Aún así, queda claro que los hábitos reales de lectura pueden tener significancia y merecen mejores estudios. Análisis más allá del inflado informe de gobierno, el morbo mediático o las necesidades de mercado del sector editorial.

Independientemente de las cifras, la lectura tiene beneficios de los que suele hablarse menos. Por ejemplo, que reduce los niveles de estrés. Un estudio en la Universidad de Susex encontró que leer seis minutos puede reducir el estrés hasta en 68%, particularmente si esa lectura se realiza en forma continua y por placer (leer tuits y actualizaciones de Facebook no cuenta). Otro estudio aduce que los individuos de la tercera edad que leen regularmente, tienen 2.5 veces menos probabilidades de desarrollar Alzheimer o demencia.

El debate entre leer libros en papel o electrónicos ofrece también argumentos interesantes. Por ejemplo, un reporte de Scientific American, menciona estudios realizados a grupos de lectores que leyeron el mismo libro en papel y Kindle (dispositivo para leer eBooks de Amazon). Al evaluar su lectura, estos últimos eran mucho peores en recordar el orden de sucesos de la novela. Algunos científicos afirman que el proceso táctil de pasar páginas en el libro ayuda a reforzar la memoria a través de la experiencia sensorial del papel, el peso y el grosor del libro. Otros estudios comprueban que la misma historia provoca menos inmersión y empatía cuando se lee en la pantalla que cuando se hace en papel.

Hay algo físico en la lectura afirma la psicóloga y neurocientífica Maryanne Wolf de la Universidad Tufts, quien se preocupa: la manera superficial en que leemos durante el día, nos afecta cuando tenemos que leer con un procesamiento neuronal más profundo .

No es lo mismo leer en forma lineal que leer fragmentos de texto con hipervínculos. El lector de internet suele saltarse información, leer por encima , escaneando la pantalla con la mirada para captar el sentido brincándose líneas. Un estilo de lectura aparentemente rápido y acorde a estos tiempos, pero que reduce la comprensión y complica enfocarse en la página la siguiente vez que se enfrenta la lectura en papel.

Twitter @rgarciamainou

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