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Opinión

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Lecturas para las vacaciones (y el resto del año)

Aunque en nuestro país no tenemos en el chip aquello que los gringos llaman catch up with my reading, sirvan los días vacacionales próximos para ponerse un poco al día con la lectura. No me refiero a lo que algunos llaman lectura y que constituye un batiburillo de correos electrónicos, posts de Facebook, memes presidenciales o redefiniciones del universo en 140 caracteres.

Sirvan pues estas recomendaciones, para todos aquellos que quieran buena literatura para estos días o para aquellos que se sientan tentados a levantar un ejemplar tardío de las cincuenta sombras de grey del revistero del súper con la esperanza de matar el tiempo y volver los días un tanto más calurosos.

Nota oportuna para los lectores que no se enteraron del Nobel a Alice Munro o que se sienten estafados cuando reciben un libro de cuentos pensando que la palabra cuento remite a veladas de infancia con Caperucita roja, frijoles mágicos, ogros y demás.

El género breve es uno de los placeres lectores más exquisitos, particularmente en estos tiempos en que algunos libros se valoran por kilo y las páginas de paja están dispuestas a engrosar cualquier volumen novelesco, sin pudor o editor con tijeras y respeto por el lector.

Una de las pocas editoriales mexicanas que apuestan por la publicación de relatos es Cal y Arena. A sus colecciones temáticas casi siempre memorables (viene a la mente Mudanzas recopilada por Delia Juárez), se suman libros de sus autores frecuentes. A diferencia de otros sellos donde al autor que presenta un libro de cuentos no le devuelven ni las llamadas, en Cal y Arena estos libros se publican indistintamente de las novelas. Con esto me refiero a que ni siquiera se intenta esa patraña de anotar en la contraportada que todos los relatos en realidad conforman una novela experimental de vanguardia, como suelen hacer las editoriales que se avergüenzan del género breve.

La primera recomendación es Amalgama. El más reciente volumen del nonagenario escritor y tesoro nacional del Brasil, Rubem Fonseca. Fonseca revolucionó la novela negra y es una de las plumas más influyentes de su país y la región. Autor de Grandes emociones y pensamientos imperfectos, Agosto, Pasado Negro, El seminarista y la serie sobre el abogado Mandrake que tuvo afortunada presencia en HBO-LA, su más reciente libro es una colección de escritos breves: cuentos, ejercicios de minificción, poemas, un par de reflexiones, ensayitos o artículos. Un libro mixto que colecciona obsesiones, y supone una lectura deliciosa para almas valientes que no temen desacralizar las fechas con la irreverencia, afilada violencia y humor del brasileño.

Son textos que recuerdan ese libro prohibido por la dictadura carioca, Feliz año nuevo, por su tono irredento de dar voz a las almas perdidas de la favela, a esos miles de casos que el autor conoció en su faceta como policía y posteriormente como abogado. Flota en muchos de ellos, un personaje habitual: José, huérfano criado por una tía, amante de los perros, lisiado, con relaciones conflictivas con las mujeres, especie de alter ego que recuerda al Chinaski de Bukowski.

Si ya conoces a Fonseca, puedes esperar encontrarte con los personajes habituales: asesinos, desarrapados, gígolos, enanos, gente de carnaval, millonarios con secretos inconfesables, y dosis alternadas de crueldad, sexo y humor.

La segunda recomendación es A espaldas del lago de Peter Stamm (Acantilado), la más reciente colección de relatos de uno de los mayores autores suizos vivos. Diez textos que transcurren en la región de Seerücken, una aparentemente idílica locación vacacional de bosques, montañas y lagos, cercana al sitio donde nació Stamm.

Incansable viajero, el suizo es uno de los mejores exploradores de la psique y las emociones humanas. La suya es una mirada que con asombro y humor acompaña a personajes solitarios que buscan, necesitan y no siempre pueden, conectar con los demás. Su prosa depurada e igualmente accesible es tan divertida como compasiva con esos seres a veces abrumados por la soledad o la sensación de pérdida.

Destaca sin duda Los veraneantes donde un escritor busca refugio en un balneario montañés para terminar un trabajo importante. El lugar es casi inaccesible, es manejado por una mujer adusta y poco hospitalaria. Pero el hombre ya está ahí, y decide sacar el mejor partido posible de la estancia, aunque poco a poco, la atmósfera abandonada y solitaria empieza a permear su estado de ánimo.

La tercera recomendación es El idioma materno de Fabio Morábito (Sexto Piso). Un libro que incluye casi un centenar de textos breves que igualmente exploran con lucidez y sentido del humor delicioso, su vocación como escritor, lecturas, y anécdotas reales o inventadas. Desde el profundo desengaño que le produce el concepto del coctel de bienvenida que ofrecen los paquetes vacacionales, hasta errores y dilemas de traducción, experimentos educativos insólitos, visitas breves a Odiseo y al departamento de Gregor Samsa, y a las citas de iniciación romántica de una pareja.

Es un libro perfecto para lecturas intensas y ocasionales, para empezar por cualquier sitio, retomar en otro, para la relectura y también para leer en voz alta a los demás (dispuestos o no). Detrás del libro está una mirada cómplice, asombrada y devota hacia el lenguaje. Resulta imposible leerlo sin sentir una cercanía vital con su autor. Morábito nos ha dejado echar una mirada amistosa y cómplice, detrás del escenario, ahí donde el mago prepara sus trucos, los actores ensayan sus últimas líneas, y los tramoyistas almuerzan compartiendo chistes y anécdotas cotidianas.

Twitter @rgarciamainou

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