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Opinión

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Lecciones de economía navideña, por el Grinch

¿Es usted uno de los millones de mexicanos que aún no ha comprado regalos de Navidad? Lea con atención esta columna. Aquí encontrará una buena coartada para no deambular en un centro comercial, un gran pretexto para no gastar.

Si usted invierte 1,000 pesos en un regalo, la gente que lo recibe pensará, con toda probabilidad, que ese regalo vale mucho menos de lo que costó, digamos 750 pesos. La diferencia es mayor entre más grande sea la distancia afectiva entre el que da y el que recibe. Un enamorado valorará a plenitud el presente de su amada, pero seguramente no hará lo mismo con el regalo que le manda su abuelita, el peluquero o aquella tía que vive en Zacatecas y a la que sólo ve una vez cada dos años.

La mayoría de la gente no valora lo que recibe. Suena feo, pero es un hecho. No es ingratitud, mejor dicho, es eso y algo más. Los economistas liberales llevan años sabiendo que somos malos para decidir por otros.

Ese principio aplica para las decisiones de Política Pública y para el intercambio de regalos en la oficina. Si usted está a punto de comprar aquellos tenis color amarillo porque le parece que están llenos de vida, tenga cuidado: la chica de sus sueños no le dirá que son horribles, pero tampoco los usará.

La Navidad es un festival de ineficiencia económica. La Procuraduría Federal del Consumidor lleva años diciéndolo, pero no hacemos caso. Compramos muchas cosas que normalmente no adquiriríamos y las pagamos a un precio superior al que erogaríamos en otro momento, por ejemplo septiembre o marzo. ¿Por qué nos extraña que aquellos que reciben alguno de nuestros regalos no los valoren?

Si usted quiere un consuelo, piense que el problema no es exclusivo de México. En Estados Unidos es peor y está mejor documentado. Un académico de la Universidad de Pennsylvania, Joel Waldfogel, se ha dedicado a estudiar el comportamiento económico en Navidad y ha llegado a conclusiones demoledoras: las compras navideñas son un momento máximo de irracionalidad colectiva. Allí se destruye más riqueza que en ningún otro momento del año.

El año pasado, Waldfogel publicó un libro llamado Scroogenomics que es una maravilla, sobre todo si usted es del tipo Grinch. El nombre del libro viene de Scrooge, un personaje miserable creado por escritor inglés Charles Dickens para hacer sufrir a todos los niños en la novela Un cuento de Navidad.

Este académico hizo cientos de encuestas para averiguar cómo procesa la gente los regalos en Navidad. El que regala aspira, como mínimo, a obtener agradecimiento a cambio. El que recibe no otorga ese agradecimiento en automático. Un porcentaje mínimo puede llegar a sentirse ofendido, si el regalo expresa un juicio de valor erróneo. JP, pero si yo creí que te gustaban las canciones de Lupita D´Alessio .

Waldfogel pone en duda, incluso, la idea de que la Navidad sea buena para la economía por la derrama económica que genera. El gasto ineficiente no ayuda a la economía, afirma, y la Navidad nubla el buen juicio. Quizá sea el efecto de los villancicos cantados por Tatiana o la mala digestión de los buñuelos, pero el hecho es que somos más lúcidos en otros momentos del año. Santa Clos y Rodolfo el Reno son grandes tipos, pero no se deje encantar. Guarde su cartera, cuando vea que se acercan.

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