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Opinión

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Las minorías presionan, ¿los gobiernos ceden?

El gobierno debe atreverse a construir.

El Congreso está jugando con fuego, dice el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Jacob J. Lew. ¡Por supuesto que lo saben los republicanos de esa minoría de la extrema derecha que busca imponer sus condiciones a cualquier precio!

En México también hay una minoría dispuesta a todo para frenar los planes del gobierno en materia de cambios estructurales, en especial, en materia energética.

Al final, las minorías de extrema derecha en Estados Unidos y de extrema izquierda en México se juntan en ese pensamiento de creer ser los poseedores de la verdad ante una mayoría incapaz de detectar que están narcotizados por el poder y, por lo tanto, harán cualquier cosa por imponerse.

Los republicanos de extremo saben que si Estados Unidos cae en un incumplimiento de pagos, el responsable ante los ojos de su país y el mundo será el presidente Barack Obama, por ser el líder que se muestra incapaz de negociar.

El cálculo es electoral para ellos; no tienen en realidad interés en los temas de gobernanza, quieren simplemente el poder de su partido para despegar desde ahí hasta la Presidencia de Estados Unidos.

En México ocurre lo mismo, hay un grupo que es minoritario, incluso dentro de la izquierda, pero que es capaz de ser lo suficientemente estridente como para espantar al gobierno. Y la mejor prueba de que este gobierno es tan temeroso como los anteriores está en las prebendas conseguidas por la CNTE en la Secretaría de Gobernación, a costa del disciplinado Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

El viernes escuché al excandidato Andrés López Obrador criticando a Peña Nieto por proponer una reforma hacendaria que aumentaba el endeudamiento para incrementar el gasto público. Criticaba la determinación de poner en peligro la estabilidad macroeconómica.

Por supuesto que López no lo entiende y, por lo tanto, no defiende la estabilidad macroeconómica, pero es la manera esquizofrénica que tiene de rechazar un paquete de cambios hacendarios que parecería arrancado de su propia plataforma de campaña.

Si hay timidez en los planteamientos fiscal y energético por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto es precisamente por un temor a la reacción violenta de esa minoría de izquierda a la que ven capaz de provocar la parálisis con tal de salirse con la suya.

Está claro que no importa qué proponga el gobierno, incluso si su paquete fiscal está más a la izquierda que los manifestantes mismos. El plan es oponerse, romper, devastar cualquier plan de gobierno para asaltar desde ahí el poder.

Así que, si de cualquier forma van a protestar y si en el Congreso hay la posibilidad de construir mayorías para dar vida a reformas más profundas en materia energética y tributaria, el gobierno mexicano debería atreverse a intentarlo.

Ahí está Barack Obama, presidente de Estados Unidos, llamando por su nombre y apellido a los responsables de la parálisis de su país, con el valor y autoridad que le da la democracia para acusar a los que buscan frenar la economía de su país.

Obama y Peña Nieto tienen mayoría legislativa para sus reformas estructurales, lo prometieron en campaña y aun así, ganaron las elecciones. Pero, sobre todo, son presidentes de países democráticos donde una minoría, por más violenta que sea, no puede imponerse a los demás.

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