El tema de la semana es relativo a los depósitos de mexicanos en el extranjero que durante los años recientes han venido creciendo a un ritmo muy rápido...

Queda suficientemente claro que las fugas de capital durante el gobierno de López Obrador no están siendo provocadas por una política inflacionista con un tipo de cambio sobrevaluado.

En la edición de El Economista del lunes se publicó una nota digna de llamar la atención. El tema es las transferencias de fondos que inversionistas mexicanos vienen realizando al exterior. En ese sentido, las cifras revelan que mientras en 2017 el saldo de los depósitos de mexicanos fuera del país ascendía a tan solo 5,575 millones de dólares, ese dato se ha venido incrementando desde ese año de manera muy rápida y continua y al cierre del 2020 ya ascendía a 18,758 millones de la moneda estadounidense. De manera particularmente preocupante, ese flujo egresivo se ha venido acelerando en tiempos recientes dando lugar a que en el último trimestre del año pasado esa salida de fondos haya sumado más de 9,000 millones de dólares.

Con discreción, en el reportaje citado en ningún momento se denominó al fenómeno como lo que en realidad es: fuga de capitales. Desde el punto de vista histórico, durante el último medio siglo tan solo en tres episodios México experimentó procesos de fugas masivas de capital: durante la segunda mitad de los sexenios de Echeverría y López y en tiempos recientes durante la administración presidida por López Obrador. ¿Por qué?

Un factor principal fue el motor de las fugas de capital masivas durante los sexenios de Echeverría y López Portillo: el diferencial de inflaciones entre México y Estados Unidos que, con un régimen de tipo de cambio fijo, dio lugar a una sobrevaluación muy marcada del peso mexicano en ambos episodios. Sin embargo, en la actualidad un fenómeno de esa naturaleza muy difícilmente podría producirse en razón del régimen de tipo flotante que tiene México desde el año 1985.

Dicho lo anterior, queda suficientemente claro que las fugas de capital durante el gobierno de López Obrador no están siendo provocadas por una política inflacionista con un tipo de cambio sobrevaluado. Lo que está causando las fugas de capital a que se refiere esta entrega es otra cosa muy distinta y que, en términos sintéticos, podemos definir como el estilo personal de gobernar del presidente López Obrador. En ese estilo sobresalen su retórica agresiva e incendiaria, su furia destructiva para cancelar proyectos de inversión, su embestida contra los organismos autónomos, su falta de respeto al Estado de Derecho. Y lo peor, es que casi nada puede hacer nadie para influir en esos rasgos tan negativos.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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