En Estados Unidos, los latinos representan el 29.9% de los casos confirmados de Covid-19 a pesar de que únicamente representan 18.3% de la población. En algunos estados esta disparidad es más alarmante. Por ejemplo, en el estado de Utah, el 39.4% de los casos registrados se ha dado entre la población latina, misma que constituye el 14.2% de la población estatal. En Washington, los latinos representaron el 39% de los casos positivos de Covid-19, mientras que sólo constituyen el 13% de la población total. Aunque las cifras sobre el Covid-19 y los fallecimiento relacionados con la enfermedad están incompletas, lo que dificulta tener la perspectiva completa de las desigualdades, médicos y otros profesionales de la salud de todo el país presentan día con día más estadísticas que confirman el desproporcionado impacto de la enfermedad en las comunidades latinas. 

Estas estadísticas son inquietantes y desoladoras precisamente porque se pueden prevenir. Después de todo, no es el coronavirus el que discrimina, sino los sistemas políticos, económicos y sociales en donde se aloja. 

La vulnerabilidad social es una condición humana producida por la combinación de la exposición de las personas y lugares a desastres naturales, epidemias y otros eventos adversos, su sensibilidad al daño producido por sucesos de esta índole, y su capacidad para enfrentarlos y adaptarse. Esto significa que no a todos les afecta por igual un fenómeno como la pandemia de Covid-19 y que la enfermedad no es un mero evento biológico sino más bien el resultado de la interacción de muchos factores individuales y comunitarios, sobre los cuales una persona o familia tiene un control limitado. 

En el caso concreto de la pandemia de Covid-19, las personas de origen mexicano que viven en las áreas metropolitanas de Estados Unidos están pasando por las mismas dificultades que otros residentes, incluyendo la incertidumbre económica, el aislamiento social, el acceso limitado a servicios cotidianos y crecientes problemas relacionados con la salud, pero, al mismo tiempo, los mexicoamericanos y los inmigrantes mexicanos también enfrentan desafíos adicionales, como niveles de pobreza mayores, viviendas precarias y hacinadas, incertidumbre legal y mayor incidencia de padecimientos crónicos. 

Para mí, estos problemas no son teóricos. Como investigador dedicado a estudiar la vulnerabilidad ambiental y la salud urbana de Phoenix, Arizona, zona metropolitana con una de las concentraciones de población de origen mexicano más grande en Estados Unidos, he sido observador directo del aumento de los riesgos para la salud y las posibles consecuencias de la discriminación y disparidad social para esta comunidad. 

Entre todos los grupos étnicos, los latinos tienen mayores probabilidades de vivir en áreas altamente segregadas de la zona metropolitana de Phoenix, en donde las condiciones sociales y habitacionales incrementan la exposición al Covid-19. Para tener una perspectiva, la población total de la zona metropolitana de Phoenix en 2018 era de cerca de 4.7 millones de habitantes, de los cuales 1.4 millones o 30.7% eran latinos. La mayor parte de esta población vive en áreas que pueden ser referidas como “barrios mexicanos” porque la proporción de residentes latinos es el doble o más que el promedio de la zona metropolitana. Los mexicanos son el grupo más grande de latinos que vive en la zona metropolitana de Phoenix, constituyendo el 89% de esta población en 2018. Mientras dichos barrios ocupan sólo el 9.5% del espacio urbanizado de la zona metropolitana de Phoenix, en ellos habita el 24.1% de la población de la zona metropolitana y el 52.9% de todos los latinos que viven en la zona. Al tener un índice de pobreza del 21%, muchas familias latinas luchan con recursos financieros limitados y se ven obligadas a vivir en viviendas y edificios hacinados. El hacinamiento dificulta el distanciamiento social e incrementa el riesgo de contagio. De hecho, del conjunto de 560 manzanas urbanas que comprenden los barrios latinos en Phoenix, 247 (43%) se encuentran en zonas postales con el más alto índice de casos de Covid-19 confirmados según datos del Departamento de Salud de Arizona. 

Estos factores de vulnerabilidad urbana se ven exacerbados por el hecho de que muchas familias latinas de Estados Unidos viven al día, por lo que adoptar protocolos de aislamiento físico puede afectar su ingreso y seguridad laboral. Además, muchos latinos están empleados en empresas que realizan actividades consideradas esenciales, o que no ofrecen la flexibilidad del trabajo a distancia. De acuerdo con la encuesta más reciente de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, los empleos en el sector de la construcción, transporte, agricultura, ventas minoristas, así como entretenimiento y hospitalidad, son los que tienen menos posibilidades de adaptarse al trabajo a distancia. Estas son también las industrias en las que trabajan por lo menos el 50% de los latinos responsables del sustento de un hogar. Más aún, los trabajos de baja remuneración donde se emplean con mayor frecuencia los migrantes latinos se ubican en los suburbios de Phoenix y en los que normalmente no residen latinos. Esta disparidad geográfica es una fuente adicional de riesgo para los trabajadores latinos que dependen del transporte público para sus desplazamientos cotidianos. 

 

Los reportes de salud pública constantemente muestran que los índices de hospitalización y riesgo de muerte son mayores entre los latinos y otras minorías debido a comorbilidades (por ejemplo, diabetes e hipertensión). Los índices de fallecimientos por diabetes entre los latinos son dos veces más altos que los de la población general, al igual que las afecciones cardiacas. A esto se suma el hecho de que las familias latinas son el grupo más grande de población sin seguro médico en la zona metropolitana de Phoenix (19.5%), una circunstancia que es aún más grave en familias de estatus migratorios mixtos, ya que su situación legal limita el acceso a  los programas de salud gubernamentales. Estos riesgos se ven incrementados por la falta de información sobre salud y por el acceso o búsqueda tardía de atención médica. Encuestas recientes indican que los latinos tienen mayores probabilidades de posponer o no buscar atención médica debido a los altos costos de deducibles y otros pagos, por lo que deciden cruzar la frontera de regreso a México para recibir atención médica a precios mucho más bajos.

En todo el mundo, la pandemia de Covid-19 y sus consecuencias han trastocado los sistemas que sustentaban rutinas y practicas sociales, haciendo evidente la fragilidad de la normalidad. De igual modo ha revelado en formas cruda las inequidades sobre las que esa normalidad se ha construido. La vulnerabilidad no se limita a los ancianos y otros grupos con padecimientos subyacentes –también incluye a quienes viven en la pobreza, tienen una flexibilidad laboral limitada, enfrentan incertidumbre jurídica y habitan departamentos hacinados en donde el distanciamiento social es imposible. La pandemia de Covid-19 ha puesto en primer plano la interconectividad de las personas y vecindarios de ciudades como Phoenix, así como la urgencia de reducir la inequidad y exclusión que separa a muchos latinos del resto de la sociedad estadounidense. 

En este momento tenemos la oportunidad de construir una nueva normalidad. Espero que podamos estructurar una normalidad diferente en Estados Unidos y en ciudades como Phoenix, una normalidad que supere las disparidades en el sistema de salud y la exclusión social, de tal forma que todos seamos menos vulnerables y más resilientes. 

*Francisco Lara-Valencia es profesor de estudios fronterizos y ambientales en Arizona State University.