En pocas ocasiones, si no es que nunca, las autoridades piensan en las consecuencias de voltear hacia otro lado cuando alguna empresa inicia operaciones de manera ilegal. Pasó en la mina de carbón en Coahuila. Por los antecedentes muy recientes, era obvio que la inconformidad pública iba a salir a relucir y que las autoridades no han asumido los costos de su forma de actuar corrupta. Al igual que podemos decir que el accidente podría haber ocurrido aunque la empresa estuviera operando legalmente, también podemos observar que casi en cualquier ámbito de nuestra vida suceden eventos o accidentes cuyos responsables rara vez enfrentan las consecuencias; simple y sencillamente se concretan a decir que van a clausurar el negocio en turno y a poner más atención, pero ninguno ha terminado en la cárcel.

Recordemos el otro famoso caso del antro repleto de jóvenes, algunos de ellos murieron en la estampida causada por una pésima actuación de la autoridad o en la discoteca que ahora alberga a una estación de bomberos. Todos son casos lamentables, aunque muy conocidos. Ninguna autoridad está en la cárcel pagando su irresponsabilidad. Casos menos conocidos son igualmente espeluznantes, como el de los taxis piratas, que son perfectamente tolerados por autoridades muy identificadas y en los que se comenten atrocidades, que van desde el hecho de operar sin los debidos permisos hasta el robo de usuarios vaciando el dinero de sus tarjetas de crédito y débito, sus pertenencias físicas y hasta la violación o muerte de las víctimas. Ninguna autoridad o asociación civil ha documentado el número de estos delitos. Hasta donde sabemos son muy pocos los detenidos, aunque ninguna autoridad saca la cara. ¿Qué nos pueden decir las autoridades del ducto que hizo explosión por la ordeña que, con el conocimiento de las autoridades, se le hacía o qué nos pueden decir de las miles de personas que a diario consumen alimentos y bebidas contaminadas o en mal estado en los millones de puestos ilegales en la vía pública, de los cuales la autoridad está muy enterada, tan enterada que es un inmenso negocio para quien registra en lo oscurito a quienes operan, para regentear esas operaciones y obtener enormes rentas que se reparten en todas las corruptas vías del sistema? Ni qué añadir de quienes falsifican documentos y quiennes sufren las consecuencias y quien paga por ellas.

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