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La trampa de Michoacán
El Presidente Felipe Calderón (2006-2012) al arrancar su gobierno inició la guerra en contra del narcotráfico, que declaró en cadena nacional el 11 de diciembre del 2006, con el Operativo Conjunto Michoacán. Esa decisión marcó su sexenio y trajo nuevos y más complejos problemas, entre ellos 70,000 muertos y miles de desaparecidos.
En mayo del 2013, Enrique Peña Nieto, seis meses después de asumir la Presidencia, inició también un gran operativo. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, negó que la estrategia se asemejara a la anterior y dijo que la nueva tiene tres diferencias: 1) Hay una efectiva coordinación entre el gobierno federal, estatal y local; 2) se tienen objetivos claros; 3) se busca la participación ciudadana.
El operativo lleva poco más de dos meses y lo que se ha visto es un creciente enfrentamiento entre Los caballeros templarios y las fuerzas de seguridad. Hasta ahora los analistas, más allá de los discursos, no ven diferencias entre las dos estrategias.
Ante los sucesos, el presidente Peña Nieto, quien se había mantenido alejado de hablar sobre el narcotráfico, tema constante del presidente Calderón, hizo declaraciones el pasado 25 de julio donde asegura que el gobierno está trabajando para regresar la paz y tranquilidad a Michoacán y que ha dado instrucciones precisas a las instancias federales encargadas de la seguridad, para reforzar con su apoyo a las autoridades locales .
La lucha en contra de los narcotraficantes nunca está en duda, es responsabilidad del Estado, pero sí es tema de discusión la estrategia que se utilice para hacerlo.
La del gobierno anterior no dio resultado y sí, a cambio, trajo nuevos problemas. Si sigue la estrategia del gobierno anterior, Michoacán pude ser una trampa para el nuevo.
En ciertas regiones de ese estado existe un problema histórico de débil presencia de las instituciones del Estado, que no se resuelven con la acción militar y ha sido aprovechado por el narcotráfico para cultivar cannabis, amapola y elaborar drogas sintéticas en laboratorios clandestinos a partir de las metanfetaminas que vienen de China o India e ingresan por el puerto de Lázaro Cárdenas.
Los narcotraficantes en Michoacán, a diferencia de otros estados, sí han logrado hacerse de cierta base social, principalmente de campesinos que cultivan cannabis y amapola y gozan de su protección frente a las autoridades federales y locales.
La propia debilidad de los gobiernos locales ha dado lugar al surgimiento de grupos comunitarios de autodefensa, que ahora forman parte del conflicto.
Ahora hay una real disputa por el control de Michoacán entre las fuerzas de seguridad y el crimen organizado, que defiende un territorio que siempre ha considerado suyo.
El gobierno debe de hacerlo, es su obligación, en el marco de una estrategia que le permita no sólo ganar coyunturalmente este episodio, que está por verse, sino de resolver a fondo el problema. De otra manera habrá fracasado.
Twitter: @RubenAguilar