Existen varias reglas básicas de responsabilidad financiera que siempre debemos aplicar en todo lo que hacemos.

Segunda de tres partes.

Gran parte de los problemas financieros que tenemos nacen por actuar de manera irresponsable en el manejo de nuestro dinero. De esto hablamos ampliamente, con varios ejemplos, en la primera parte.

Pues bien, existen varias reglas básicas de responsabilidad financiera que siempre debemos aplicar, en todo lo que hacemos, para no caer en este tipo de problemas que no necesitamos (ya tenemos muchos en nuestra vida cotidiana):

1. Siempre hay que hacer la tarea. Lo que hacemos con nuestro dinero nos afecta a nosotros y a nadie más. Lamentablemente, muchas personas delegan a terceros sus decisiones financieras. Aceptan consejos de amigos (que a veces saben aun menos que nosotros), o bien, asesoría de supuestos “especialistas”, completamente a ciegas. Lamentablemente, las consecuencias de esas decisiones recaen en nosotros, no en ellos. Por eso tenemos que hacer siempre la tarea.

Por ningún motivo quiero que esto se entienda como que es malo tomar consejos. Al contrario: muchas veces pueden ser valiosos. Se trata simplemente de sabernos asesorar. En primer lugar debemos poner en contexto todo lo que ellos nos dicen: ¿Quién nos está dando la asesoría? ¿Alguien que nos quiere vender una inversión, un préstamo o un seguro?

Muchas veces los vendedores tienen un enorme conflicto de interés. Ofrecen sólo los productos que su empresa les ha pedido posicionar y no necesariamente el que nosotros necesitamos. O bien, buscan vender aquellos que les pagan mejores comisiones e incentivos. ¿Lo que nos recomiendan es lo mejor para nosotros o para ellos?

Pero aunque no sea así, aunque tengamos al ejecutivo o agente más profesional y especialista del mercado, con una ética inquebrantable, tenemos que hacer preguntas y comprender perfectamente el alcance de lo que nos recomienda. ¿Por qué este portafolio de inversión? ¿Cuál es el rendimiento esperado, así como la volatilidad que podemos esperar? ¿Está de acuerdo con nuestros objetivos y tolerancia al riesgo?

Una de las cosas que siempre he sostenido, por ejemplo, es que uno jamás debe invertir su dinero en algún producto o instrumento cuyo funcionamiento no comprendamos perfectamente. Esto incluye, desde luego, entender los riesgos. Saber qué esperar. Lo que no comprendemos, al final del día, nos termina costando. O por lo menos genera malos entendidos.

Hacer nuestra tarea es eso: investigar, comparar opciones y llegar a la decisión que sea mejor para nosotros y para nuestro dinero. Porque a pesar de que tengamos a los mejores asesores, los que tomamos la decisión final, siempre, somos nosotros. Eso es tomar responsabilidad.

2. Tener muy claros nuestros objetivos financieros. Muchas personas no saben lo que verdaderamente quieren. Éste es uno de los errores más comunes. El dinero nunca es un fin en sí mismo: de nada sirve tenerlo por tenerlo. El dinero es un medio que nos permite alcanzar nuestras metas de vida: por ejemplo viajar, tener un retiro digno o brindar una educación de calidad a nuestros hijos.

Muchas personas invierten sin saber para qué quieren utilizar ese dinero, es decir, sin un objetivo en mente. Esto no sólo hace que inviertan de una manera errónea, pero también que tiendan a desviar ese dinero para otras cosas.

¿Si no tenemos claros nuestros objetivos, cómo los podremos alcanzar? ¿Cómo podemos generar, por ejemplo, una estrategia de inversión adecuada?

3. La trampa de las tarjetas de crédito. Muchas personas las usan porque hoy no pueden comprar de contado un bien. Ven unos zapatos que valen 3,000 pesos y que no pueden comprar. Pero saben que si utilizan su tarjeta de crédito tendrán que pagar cada mes un pago mínimo de menos de 5% de su deuda, es decir, 150 pesos. Para eso sí alcanza. Entonces lo compran y se endeudan. Lo mismo sucede el siguiente mes, compran algo más por 2,000 pesos y ahora su pago mínimo total (compras sumadas) es de 250 pesos. Y compran otra cosa el siguiente, y así sucesivamente. Su deuda va creciendo de manera muy significativa y el pago mínimo prácticamente no la reduce. Se vuelve demasiado fácil comprar todo a crédito.

El problema es que el destino nos alcanza. Estamos acostumbrados ya a gastar más de lo que ganamos (ya que todo lo “financiamos”). Esto es lo difícil: reducir nuestros gastos (es decir, ya no comprar cosas nuevas con nuestra tarjeta) y mientras tanto, ocupar una buena parte del ingreso familiar en los pagos de la misma.

Terminaremos esta lista en la siguiente entrega.

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JoanLanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com