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La relación con Estados Unidos, desde las mañaneras: caso USAID
La ideología es el mejor alimento para la subjetividad.
La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) aportó dinero a una ONG que investigaba la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto.
¿Injerencia? Miembros del entonces gobierno no lanzaron feroces críticas contra la USAID.
Un par de semanas atrás el presidente López Obrador criticó a la USAID por financiar a Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Acusó a la agencia de ser injerencista por estar en asuntos que competen exclusivamente a mexicanos.
Pero, ¿qué hace la USAID en México?
Una parte relevante del financiamiento del programa Iniciativa Mérida proviene de la USAID. Y no, no es verdad que los recursos hayan sido cancelados como lo mencionó el anterior jefe de oficina del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard: “México ya no tiene la Iniciativa Mérida y no la va a tener. No nos van a mandar computadoras que ya no usan ni helicópteros que ya no les sirven. Tenemos instrucciones del presidente de no pedirles un solo dólar” (El Economista, 26 de noviembre de 2020). La Iniciativa Mérida continúa vigente.
La USAID financia programas de búsqueda de desaparecidos. La subsecretaría de Derechos Humanos, Migración y Población de México que encabeza Alejandro Encinas lo sabe.
Si el presidente López Obrador desea que el gobierno de Joe Biden otorgue recursos financieros al programa Sembrando Vida, lo tendrá que hacer a través de la USAID.
¿Nos resulta familiar el término “caravanas migrantes”? Pues también la USAID tiene que ver con el tema. Financia el retorno a sus países de origen a los migrantes que cruzan la frontera de Estados Unidos.
La USAID capacita a gobiernos estatales y áreas de Justicia sobre el sistema penal acusatorio. Desde el 2016 es fundamental para asimilar los cambios para solucionar los conflictos de una manera más pronta, eficiente, justa, humana, transparente y respetuoso de las garantías individuales.
O qué decir de cursos sobre ética. También la USAID financia este tipo de capacitación en momentos muy complejos por los que pasan miembros del Servicio Exterior Mexicano. Pensemos en personajes con nulos conocimientos consulares (Isabel Arvide) o destacados diplomáticos que son enviados a la banca (Juan Manuel Gómez Robledo) para ser sustituidos por funcionarios sin experiencia, pero con problemas familiares.
Otro destino del apoyo proveniente de la USAID es la ubicación de plantíos de amapola. El ejército y la marina posiblemente lo agradecen.
Un sábado de septiembre de 2013, Samantha Power se encontraba comiendo con su familia en un restaurante de Manhattan: su esposo, Cass, y sus hijos Declan y Rian, de cuatro y un año de edad, respectivamente. Su teléfono sonó. Le llamaban desde la Casa Blanca, el presidente Obama quería hablar con ella. Power dice que su primera reacción fue tomar agua y huir del bullicio del entorno hacia la calle 50 esquina Lexington. Obama la invitó como embajadora ante Naciones Unidas.
Así lo narra Samantha Power en su libro de memorias The education of an idealist.
Ahora, Joe Biden la ha invitado para estar al frente de la USAID. Power es una reportera de guerra, galardonada con un Pulitzer en 2003 por su libro sobre genocidios Problema Infernal.
Biden no se equivoca al haber invitado a Power a la USAID, una magnífica profesional sobre el tema de los derechos humanos. Lo peor, en México, es echar mano del nacionalismo del siglo pasado para descalificar sus objetivos.
Lo malo de llevar la relación con Estados Unidos desde las mañaneras son las ocurrencias y algo más: el riesgo de que Biden pueda llegar a ignorar al presidente.
@faustopretelin

