Araíz de un programa de televisión y gracias a las intervenciones de Genaro Lozano y Estefanía Veloz, se desató en redes un debate en torno a que el país es dominado por una pigmentocracia. Como la mayoría de los debates en redes, se desataron las pasiones, se presentaron buenos argumentos, pero no faltaron los excesos. el debate se suscitó a propósito de otro tema que es la extensión de la f1 en la Ciudad de México, que es un gran logro de Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno, pues sin comprometer recursos públicos, consiguió mantener un evento que genera empleos y derrama económica.

El punto es el enorme resquemor que provocó el tema de la discriminación étnica, cuando es evidente que se trata de uno de los principales factores que reproduce la desigualdad en el país. Uno de los estudios más profundos sobre la pobreza en México y su relación con los programas sociales, es el de la doctora Iliana Yaschine, con respecto a los resultados del programa Progresa-Oportunidades. Yaschine demuestra que a pesar de décadas de transferencias a las personas de bajos ingresos y de que las personas pudieron mejorar su educación y salud, ellas son incapaces de escapar de la trampa de la pobreza, por varias razones, como la mala calidad de los servicios públicos, pero también por la discriminación en los mercados laborales. La evidencia es clara: el aspecto étnico limita de manera muy seria las posibilidades de movilidad social de los mexicanos. Debemos invertir más en programas de apoyo y mejores servicios públicos para personas de bajos ingresos, pero la pobreza prevalecerá si no pueden obtener mejores trabajos.

La estratificación de la sociedad con respecto al color de piel no es exacta en el caso mexicano. Los peninsulares y otros grupos étnicos que llegaron al país no siempre son estrictamente de piel blanca. Más bien, en la medida en que una persona tiene rasgos más anglosajones tiene menos probabilidades de ser discriminada; por lo tanto, cuenta con mayores ventajas. Prevalecen en las instituciones patrones que reproducen aspectos que históricamente clasificaban a la sociedad.

En México es muy difícil trascender la barrera de la clase social, pero mucho más para quienes tienen un origen predominantemente indígena. Ésa es una inconfortable verdad de nuestra sociedad. Luis Spota hizo una magnífica novela al respecto: Casi el paraíso. Reconocer que en México se discrimina por razones étnicas, es decir que existen prácticas sistemáticas de racismo, no es una manera de abonar a la división nacional, sino de identificar una de las causas por las que no podemos avanzar en construir una sociedad más justa. Lo que se requiere son políticas de acción afirmativa para impulsar a los grupos étnicos y combatir en serio la reproducción de estereotipos. Recordar que muchas veces es el aspecto, no el trabajo ni la calidad humana, lo que determina las posibilidades de éxito sirve para hacer un replanteamiento de una sociedad mejor. Por eso, bienvenida la reflexión en torno a la pigmentocracia, aunque no siempre sea un concepto exacto.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.