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La pertinencia del penacho
En política, en la vida diaria, en las cenas y convivencias de la familia y de los amigos, siempre todos nos vemos, al final de cuentas, juzgados sobre un solo juicio: fue pertinente o no el comentario de alguien a lo largo de la comida, la cena o la reunión.
Con frecuencia nadie sale impune. Es inevitable que a uno se le vayan las emociones muy por encima de lo que se discute, de convicción con la que se manifiesta o respecto de las ideas que en estos tiempos parecen tan importantes e intransigentes al mismo tiempo.
En la semana anterior, el mundo se puso patas para arriba.
Después de años de amenazas y, aparentemente, del incumplimientos por parte de occidente sobre los acuerdos de Minsk (aquellos que convinieron en que la OTAN no se expandiría más allá de lo que hasta ese momento eran la ocupación de las fuerzas bélicas de occidente, que no se acercarían más a Rusia) fue roto y Rusia tomó la decisión de defender sus fronteras, hasta lo que ellos llaman un espacio seguro.
El tema es toda una discusión de fondo, pero en este como en otros casos no hay una sola razón, hay historia, y mucha tinta que los expertos pueden resumir y darnos ideas.
La Unión Europea se manifestó con contundencia en contra de las acciones bélicas de Rusia. La mayoría de los países de américa y Asia, también. Salvo China y alguno que otro asiático que está buscando su acomodo, en lo que puede ser un nuevo contexto y orden internacional, en materia geopolítica. Al final alianzas y sombras hacen prevalecer acuerdos entre países.
El mundo entero, los países y sus sociedades se manifestaron por vía de redes, en los medios de comunicación tradicionales y en todo aquel espacio que pudiera tomar una posición a favor o en contra de las acciones bélicas de Rusia contra Ucrania.
El asunto no es menor: Ucrania es el granero de Europa. Dota del gas que mueve la economía alemana, es el espacio central de la balanza entre Europa del este y la influencia en el Este del mediterráneo. Cualquiera que hubiera pasado por la universidad y con saber un poco de historia, no sólo nacional, sino del mundo sabría que el tema es particularmente serio.
Por todo lo dicho, pero por lo que faltaría por hacer, para construir una fotografía medianamente razonable de las condiciones y consecuencias de lo que ocurre allá, asombra los temas tratados por el presidente Andrés Manuel López Obrador en esta semana.
Hay uno, sin embargo, que llama la atención: mientras el mundo se debate, hasta el punto en el cuál, Vladimir Putin, pone en alerta a sus fuerzas nucleares y el presidente de estados unidos de norte américa amenaza con algo similar, el presidente de México declara que trataron muy despotamente a su esposa y que quería exigirle a Austria, que devolviera el penacho de Moctezuma a nuestro país.
No tengo la menor idea del significado de la declaración del presidente de México en medio de la enorme y delicada crisis que vive el mundo.
Tampoco tengo idea, ni me la puedo imaginar o explicar de la importancia que pedir la devolución del Penacho de Moctezuma puede tener en este momento.
Sí puedo recordar, en medio de nuestra coyuntura, varias cosas:
El penacho de Moctezuma es tal vez el único verdadero regalo a Cortez y a su Rey, Carlos quinto. Si por alguna razón la petición es un despropósito, es porque Moctezuma le entregó a Hernán, ese penacho en reconocimiento y amistad a el monarca en turno. El que da y quita, con el diablo se desquita. No hay argumento diplomático, de derecho internacional o de cualquier tipo que motive su regreso. Fue un regalo. ¿Qué parte no se entiende?
Seguidamente, el penacho no se puede mover. Está bajo condiciones de temperatura y cuidado imposibles de lograr en su traslado.
Pero lo más importante: ¿para que queremos el Penacho de Moctezuma ahorita? ¿En unas semanas, el año que entra, en tres meses? ¿Qué moverá en el ánimo nacional y en el éxito del gobierno?
¿Porqué mientras el mundo vive una de sus crisis más delicadas, el presidente de México le parece importante reclamar el penacho?
¿Las tropas ucranianas lo destruirán? ¿Las rusas? ¿Porqué es importante?
La sospecha que tengo dadas las circunstancias y la coyuntura de nuestro gobierno, es que doña Beatriz, se enojó con el presidente y le dijo: ni porque me trataron mal los austriacos con lo del penacho te conmueves. Si quieres que siga como tu pareja quéjate y luego vemos.
Nada más se me ocurre, pero nada menos tampoco.

