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Opinión

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La otra cara de Manuel Bartlett

Signos vitales Por: Alberto Aguirre M.

Entre iracundo y sorprendido, Manuel Bartlett Díaz confiesa sus recientes dificultades con el micrófono. Fuera de los cargos legislativos o partidistas, el exsecretario de Gobernación recientemente aceptó sumarse a la cartelera de RTV, emisora a la que se han sumado otras personalidades, como la escritora Guadalupe Loaeza, el cómico Héctor Lechuga o el periodista Marco Antonio Flota.

De unas semanas a la fecha, el priísta se ha plantado frente a las cámaras de la televisora oficial de Veracruz para conducir Acentos, un programa que durante una hora presenta entrevistas con personalidades del mundo cultural y político.

Uno pensaría que un político de su trayectoria (45 años ininterrumpidos en la política nacional) y su preparación intelectual ya habría perdido la capacidad de asombro. Y no es la primera vez que Bartlett hace periodismo. A mediados de la década de los 70 le tocó dirigir la revista La República, el órgano de difusión del PRI, y en los últimos años se ha vuelto colaborador habitual de algunos diarios capitalinos. Pero el exgobernador poblano (aunque nacido en Tabasco) no está habituado al periodismo electrónico y la impertinencia del preguntón le resulta incómoda.

Cuando a uno lo toca que lo entrevisten, sólo espera un comentario para arrancar y hablar hasta que lo paren. Y todavía no me acostumbro a ser yo quien pregunta , menciona. Aun así, asumió el reto de cruzar la línea de la política y el periodismo, en una acción de autodefensa. Cuando pude hacerlo, no respondí a aquellos que decían que en 1988 se ‘cayó el sistema’ y de tanto repetirla, esa mentira se convirtió en una verdad. Ahora, nada me impide responder a cada mentira o ataque , define.

Bartlett Díaz alcanzó su cenit, como exsecretario de Gobernación de Miguel de la Madrid. Mal visto por el gobierno de Ronald Reagan, no pudo beneficiarse del último dedazo y pactó con el ganador de aquella sucesión, Carlos Salinas de Gortari, de quien fue efímero Secretario de Educación, para enfrentar después su primera prueba en las urnas y ganar la gubernatura de Puebla.

A partir de entonces, comenzó la mutación que en los años del foxismo lo llevó marchar, codo con codo, con Cuauhtémoc Cárdenas en defensa de la industria petrolera nacional. Transfiguración en la que jugó un papel importantísimo el oaxaqueño José Murat Casab, quien acompaña a Bartlett Díaz.

Fuera de la lista de invitados VIP al informe de Fidel Herrera, ambos personajes ni se inmutan. El Bartlett de estos tiempos se parece mucho al de aquellos primeros años que se crecía al castigo, como aquella tarde de hace casi un lustro, cuando llegó a Monterrey, junto con Salinas de Gortari, y el gobernador Alfonso Martínez Domínguez maliciosamente les prestó un Volskwagen que no les duró ni 10 minutos en servicio.

Este domingo sin frente frío, nadie recibe a Bartlett ni a Murat en la sala de llegadas del Aeropuerto Heriberto Jara. Y es que la logística se ha concentrado en la terminal civil, donde llegarán hasta 17 aeronaves particulares, con los gobernadores, los empresarios, los poderosos.

Los exgobernadores de Puebla y Oaxaca aceptan el raid que les ofrece un trío de líderes priístas y es por su consejo que aceptan ir a La Parroquia 200. A su llegada, el golpe de realidad: la concurrencia -mucha nice people de Boca del Río, donde el gobierno es panista- está encantada con los actores Mauricio Herrera y Héctor Lechuga. Los dinosaurios priístas sólo llaman la atención de algunos reporteros.

Con ellos, Bartlett ejerce su libertad de expresión: el gobierno del presidente Felipe Calderón, define, reaccionario y va para atrás. El Congreso es camaleónico y una parte de la cúpula priísta -léase Manlio Fabio Beltrones- sólo promueve sus intereses particulares, muy distintos a los de la nación.

Más tarde, Bartlett y Murat irán al Centro de Convenciones de Veracruz, seguirán marginados. Se mimetizarán con otros integrantes de la vieja guardia que también acompañan al Mandatario veracruzano, como el hidalguense Manuel Ángel Núñez Soto -extrañamente pelirrojo-, el guerrerense Rubén Figueroa, el tabasqueño Roberto Madrazo y el yucateco Emilio Gamboa Patrón.

De su misma generación, pero aún vigentes, Beltrones y Beatriz Paredes, quienes ganan el aplausómetro. Aunque las fotos se las lleva Enrique Peña Nieto.

EFECTOS SECUNDARIOS

DOS CAÍDAS. Macilento, después de una jornada que inició el viernes y concluirá en seis horas, Fidel Herrera Beltrán se entrega a una multitud sofocante. Acaba de bajar del resplandeciente escenario en el que presentó su quinto informe de resultados pero las sombras del Centro de Convenciones de Veracruz lo quebrantan. Agotado, se desploma. No obstante sus enfermedades crónicas, un periodista de Monterrey que está a su lado alcanza a sujetarlo. Al Gobernador de Veracruz simplemente el cuerpo ya no le responde y vuelve a caer, mientras su esposa, Rosa Borunda, se pierde entre la marabunta. Fastuoso fue el escenario: 11,470 metros cuadrados del WTC, en Boca del Río, absolutamente dispuestos al lucimiento del Gobernador de Veracruz, quien leía un teleprompter frente a un atril instalado debajo de una video pared de 50 metros de ancho y resolución HD, que dominaba al Salón Tajín, con sillas para 5,000 invitados, pero que estuvo semivacío.

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